Ancianos cubanos sobreviven entre la pobreza y la soledad en plena crisis económica

Las pensiones mínimas y el embargo petrolero golpean con fuerza a la población mayor de Cuba.
El embargo petrolero impuesto por Donald Trump ha recrudecido la situación en la isla

LA HABANA — En una tarde reciente, un grupo de ancianos atravesó las puertas de madera de la Iglesia del Espíritu Santo, en La Habana Vieja, para compartir una sencilla comida de carne molida, arroz, frijoles rojos y galletas con mayonesa, acompañada de un fuerte café cubano. Antes de comer, rezaron juntos una breve bendición, como hacen tres veces por semana.

Entre ellos estaba Carmen Casado, ingeniera química jubilada de 84 años, quien vive sola y sin apoyo familiar. Su pensión es de apenas 2,000 pesos cubanos, equivalente a unos $4 al cambio informal. “Esto es un salvavidas para nosotros, los jubilados con pensiones pequeñas. Sólo con lo de las bodegas no alcanza”, comentó.

Los adultos mayores son, según el reportaje, los más golpeados por la crisis actual, agravada desde inicios de año por el embargo petrolero impuesto por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La mayoría fueron empleados públicos —profesores, médicos, enfermeros, técnicos o abogados— que ahora sobreviven con menos de $10 al mes y con menos productos en la canasta básica.

La inflación desbordada, los apagones y la escasez obligan a muchos a vender cigarrillos, hacer largas filas por una barra de pan o buscar almuerzos gratuitos en iglesias y centros sociales.

Cuba, con una de las poblaciones más envejecidas de América Latina, enfrenta además la emigración masiva de sus jóvenes. Según la Oficina Nacional de Estadística, para finales de 2024 el 26% de los cubanos tendrá 60 años o más, casi el doble de la media regional, de acuerdo con la CEPAL. En cinco años, la isla perdió 1.5 millones de habitantes, y su población bajó de 11.1 a 9.7 millones.

El gobierno ha empezado a permitir que empresarios privados gestionen residencias y servicios para la tercera edad, una flexibilización que representa un cambio notable en el control estatal.

Casado, optimista pese a todo, dice sentirse afortunada: goza de buena salud, camina sin ayuda y sólo toma media pastilla para la tensión. “Estamos haciendo todo lo que podemos para que el país avance”, afirma. “Pero tenemos un enemigo muy poderoso justo en nuestra puerta”.

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