Ramallah, Cisjordania — El débil orden establecido en Oriente Medio tras el 7 de octubre apenas se mantiene en pie entre treguas condicionadas y amenazas recíprocas. Irán ha sido golpeado duramente, pero no lo suficiente como para alterar su posición. Sus aliados, Hezbollah en Líbano y Hamas en Gaza, siguen operando bajo presión israelí. Mientras tanto, el primer ministro Benjamin Netanyahu enfrenta una creciente exigencia para convertir los avances militares en resultados políticos antes de las elecciones de fin de año.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intenta recomponer un acuerdo nuclear con Irán y alcanzar una paz más amplia en la región, aunque sin avances concretos. La tensión se ha trasladado al estrecho de Ormuz, donde las fuerzas iraníes mantienen bloqueos parciales y Estados Unidos responde con amenazas militares.
Aunque las grandes ofensivas se han detenido, millones de personas continúan desplazadas y temen que los combates se reanuden. “Los altos el fuego no arreglan nada; solo evitan que las cosas empeoren”, advirtió Michael Ratney, exembajador estadounidense en Arabia Saudí. Según analistas, Trump busca un equilibrio entre mostrar fuerza y evitar un conflicto prolongado en un año electoral.
Durante semanas, Trump ha alternado amenazas contra Irán —en algún momento llegó a advertir que podría destruir “toda una civilización”— con gestos diplomáticos. Extendió una tregua, pero mantuvo el bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes. Irán insiste en que no cederá en su programa nuclear ni en su apoyo a aliados regionales hasta que se levante el bloqueo y cesen los ataques israelíes.
Las conversaciones de paz parecen estancadas. Un intento de diálogo en Pakistán colapsó cuando el ministro iraní de Exteriores abandonó Islamabad y Trump ordenó a sus enviados retirarse. Expertos en seguridad estiman que Teherán confía en resistir más tiempo que Washington frente al peso económico y político de una guerra impopular.
En Líbano, una tregua acordada la semana pasada se mantiene con dificultad. Israel, que mantiene presencia en parte del sur libanés, afirma que no se retirará por ahora, mientras Hezbollah exige lo contrario. Estados Unidos e Israel han pedido al gobierno libanés desarmar al grupo, pero Beirut reconoce carecer de capacidad para hacerlo. Los ataques continuos han dejado muertos, entre ellos una periodista libanesa, y reavivan el temor a una nueva ocupación israelí.
En Gaza, el alto el fuego mediado por Washington detuvo las operaciones masivas y permitió la liberación de los últimos rehenes de Hamas. Sin embargo, las autoridades de salud reportan más de 790 palestinos muertos desde esa tregua, incluyendo unos 225 niños. Israel mantiene ataques selectivos alegando respuesta a violaciones del acuerdo, mientras persiste la crisis humanitaria. Más de dos millones de gazatíes sobreviven entre ruinas o en campamentos, sin certeza sobre su futuro político. Un comité palestino designado para administrar temporalmente el enclave sigue bloqueado en la frontera egipcia, y Hamas conserva el control de buena parte del territorio.




