Funcionarios federales evalúan cómo manejar los próximos eventos de alto perfil en los que participará el presidente Donald Trump, tras el intento de ataque durante la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca en Washington. Se trata del tercer incidente violento cerca de Trump en menos de dos años, lo que ha reavivado la preocupación sobre cómo balancear la cercanía con el público y la seguridad presidencial.
El sábado, un hombre armado con pistolas y cuchillos intentó ingresar al salón donde Trump iba a hablar ante la Asociación de Corresponsales. Aunque fue detenido, el hecho ocurrió justo antes de una agenda cargada de actos, como la conmemoración del 250 aniversario de la nación, la supervisión del Mundial de Fútbol y varios mítines republicanos antes de las elecciones de mitad de mandato.
El Servicio Secreto confirmó que revisará sus protocolos de seguridad, ya reforzados por las amenazas persistentes y los intentos de asesinato de 2024. “No puedo imaginar que haya una profesión más peligrosa”, expresó Trump desde la Casa Blanca esa misma noche.
La agencia destacó su rápida respuesta al incidente. “Nuestra protección multicapa funciona”, aseguró su director, Sean Curran, mientras el propio Trump elogió a los agentes en una entrevista con CBS: “Hicieron un trabajo realmente bueno”. Expertos como Garrett Graff señalaron que el sistema de seguridad funcionó como fue diseñado, dentro de los límites de una sociedad libre.
Sin embargo, legisladores y aliados del presidente criticaron las aparentes fallas. El congresista Michael McCaul planteó la necesidad de revisar los protocolos cuando Trump y el vicepresidente JD Vance coinciden en actos. Kari Lake también cuestionó la laxitud de los controles a la entrada del evento.
Ronald Kessler, autor especializado en el Servicio Secreto, anticipa que podrían instalarse cristales antibalas donde hable el presidente y endurecerse los controles a los asistentes, lo que podría provocar demoras similares a las registradas en otros eventos recientes.
La historia de la seguridad presidencial muestra que estos desafíos no son nuevos. Desde Theodore Roosevelt hasta Ronald Reagan, los presidentes han lidiado con las tensiones entre la protección y la cercanía con el público. El propio Trump admitió en “60 Minutes” que no facilita siempre la labor de los agentes: “Quería ver qué estaba pasando”, dijo. Finalmente, alabó la actuación de su equipo y pidió reprogramar la cena de corresponsales “con aún más seguridad”.




