Las prolongadas ausencias de Vladimir Putin inquietan al Kremlin

Analistas aseguran que el presidente ruso evita el Kremlin por seguridad tras la guerra en Irán.
Analistas señalan que el líder ruso suele desaparecer en momentos de crisis, como ocurrió tras la caída de Nicolás Maduro

Moscú – La guerra en Irán y, especialmente, la muerte de varios líderes de la república islámica en bombardeos de Estados Unidos e Israel, han tenido un efecto inesperado en Rusia: las prolongadas ausencias del presidente Vladimir Putin.

Según el analista político ruso Stanislav Belkovski, “lo mismo pasó cuando fue apresado el líder venezolano Nicolás Maduro. Putin también desapareció durante dos semanas”. Los analistas recuerdan las palabras del presidente de la Duma, Viacheslav Volodin: “Si algo le ocurre a Putin, Rusia nunca será la misma”.

La prensa independiente señala que el mandatario evita asistir al Kremlin por razones de seguridad. Putin no se mostró en público entre el 9 y el 23 de marzo, salvo en reuniones virtuales con gobernadores desde sus otras residencias oficiales. Fuentes del portal Agentstvo sugieren que algunos de esos encuentros son ‘conservas’, es decir, grabaciones previas preparadas para aparentar actividad.

El presidente ya había estado ausente durante las primeras semanas de enero y entre el 6 y el 18 de febrero, aunque interrumpió esa pausa para recibir al ministro de Exteriores cubano, Bruno Rodríguez. Este año tampoco hubo eventos públicos por el duodécimo aniversario de la anexión de Crimea; Putin se limitó a participar por videoconferencia.

Desde la pandemia de 2020, la salud del presidente es una prioridad para la administración y el FSO, el servicio de protección de altos funcionarios. La guerra en Ucrania endureció aún más los protocolos de seguridad, y los recientes acontecimientos en Irán aumentaron la cautela del Kremlin.

Belkovski explica que “Putin desaparece cuando enfrenta una encrucijada psicológica o decisiones difíciles. Lo sabemos desde la catástrofe del submarino Kursk”. Analistas afirman que el asesinato del ayatolá Alí Jameneí, a quien calificó de víctima de un “cínico asesinato”, lo dejó en estado de shock. El mandatario se había reunido poco antes en Moscú con el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Alí Lariyani, quien también fue asesinado.

“Putin no teme un estallido popular, sino su propia debilidad y la pérdida de control”, añadió Belkovski. Según el magnate Mijaíl Jodorkovski, la paranoia del mandatario se acentuó tras la ejecución en 2003 del líder iraquí Sadam Huseín, y más aún después de la muerte de Muamar el Gadafi en 2011.

Las ausencias de Putin coinciden con lentitud en la conexión a internet en Rusia. El presidente lleva años promoviendo la desconexión de la red mundial, y los sucesos en Irán habrían acelerado estos planes. El FSB tomó nota cuando se reveló que servicios israelíes rastrearon los movimientos de Jameneí mediante cámaras de seguridad en Teherán. Si eso fue posible en Irán, razonan, también podría ocurrir en Moscú.

Cinco días después de la muerte de Jameneí, las autoridades comenzaron a restringir internet en Moscú y San Petersburgo. El plan de Putin va más allá del “cortafuegos chino”: busca imponer a los ciudadanos qué contenidos ver, leer o escuchar mediante “listas blancas” de sitios aprobados por la censura.

Belkovski concluye: “Al sistema no le preocupan las vidas de los ciudadanos comunes. La estabilidad del régimen depende de su aparato represivo y de la ausencia de derechos y libertades”.

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