Israel anunció que abatió a un alto comandante de Hamas en la Franja de Gaza luego de que un artefacto explosivo hiriera a dos soldados en el sur del territorio. Según un comunicado militar, la operación se dirigió contra Raed Saad, señalado como responsable de la división de fabricación y exlíder de operaciones del grupo. Israel lo describió como uno de los arquitectos del ataque del 7 de octubre de 2023 y lo acusó de participar en la reconstrucción de la organización en violación del alto el fuego.
Hamas, por su parte, no confirmó la muerte de Saad. La organización informó que un vehículo civil fue atacado en las afueras de la ciudad de Gaza y denunció que el hecho constituye una violación del alto el fuego vigente desde el 10 de octubre.
Un periodista de The Associated Press reportó que cuatro personas murieron como resultado del ataque israelí al oeste de la ciudad de Gaza, mientras que tres más resultaron heridas, según datos del hospital Al-Awda.
Israel y Hamas continúan acusándose mutuamente de romper el alto el fuego. De acuerdo con las autoridades de salud del enclave, al menos 386 palestinos han muerto desde el inicio de la tregua debido a ataques y tiroteos israelíes. Tel Aviv sostiene que las ofensivas recientes son una respuesta a agresiones contra sus tropas y asegura que sus soldados dispararon a quienes se aproximaron a la llamada “línea amarilla”, que separa las zonas de control israelí y palestino en Gaza.
El gobierno israelí exige además la devolución de los restos del último rehén, Ran Gvili, como condición para avanzar hacia la segunda fase del alto el fuego, que contempla el fin del gobierno de Hamas y la reconstrucción de Gaza bajo supervisión internacional.
El ataque de Hamas en 2023 contra el sur de Israel causó unas 1,200 muertes y dejó 251 rehenes, la mayoría ya liberados o recuperados mediante acuerdos previos.
Desde entonces, la campaña israelí en Gaza ha causado más de 70,650 muertes palestinas —casi la mitad de mujeres y niños— según el Ministerio de Salud del territorio, cuyos registros son considerados confiables por la comunidad internacional, aunque no distingue entre civiles y militantes. Gran parte de Gaza se encuentra destruida, con más de dos millones de personas desplazadas. La entrada de ayuda humanitaria sigue siendo limitada, y los heridos enfrentan escasez de prótesis y retrasos en las evacuaciones médicas.




