Cerco petrolero impuesto a Cuba retrasa ayuda humanitaria de la ONU

La falta de combustible, agravada por sanciones de EE.UU., frena los esfuerzos de la ONU para asistir a los cubanos afectados por el huracán Melissa.
Las ayudas para las víctimas del huracán Melissa corren riesgo

Los millonarios programas de ayuda humanitaria de Naciones Unidas en Cuba, especialmente destinados a las víctimas del huracán Melissa, enfrentan serios retrasos debido al cerco energético impuesto por Estados Unidos, advirtió el organismo internacional.

“El acceso a combustible es urgente para poder responder y proteger a la población más vulnerable”, dijo a The Associated Press Francisco Pichón, coordinador residente de la ONU en la isla, quien calificó de “compleja” la situación.

Melissa, uno de los tres ciclones más poderosos registrados en el Atlántico y el más fuerte de 2025, azotó el oriente cubano dejando dos millones de afectados, más de 93,000 viviendas dañadas y graves pérdidas en infraestructura y cultivos.

A finales de enero, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva amenazando con imponer aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba, la medida más dura dentro de su política para presionar un cambio de gobierno en la isla.

Según Pichón, “la sucesión de huracanes, los problemas económicos y ahora el cerco energético han debilitado la resiliencia del país”. Tras el paso de Melissa, la ONU activó un Plan de Acción valorado en 74.2 millones de dólares, del cual se han conseguido 23.67 millones para atender comunidades afectadas y apoyar la producción de alimentos. Ese plan tiene un año para ejecutarse, aunque enfrenta serios obstáculos logísticos.

Los donantes incluyen países como Canadá, Italia, Reino Unido y Japón, además de agencias de la propia ONU y organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, gran parte de la ayuda está detenida por la grave escasez de combustible. “Habrá retrasos significativos en la entrega de los bienes a los beneficiarios”, admitió Pichón.

Cuba vive una parálisis parcial tras la pérdida del suministro petrolero de Venezuela —cuyo entonces presidente, Nicolás Maduro, fue capturado en enero tras un operativo impulsado por la administración Trump— y por el efecto acumulado de la pandemia, la inflación y las sanciones estadounidenses. En las últimas semanas, las calles se han vaciado, el transporte público se redujo, los vuelos se cancelaron y solo se venden combustibles en dólares.

El cerco energético afecta la logística completa de las operaciones humanitarias. Hay menos transporte para llevar productos a las comunidades, dificultades para monitorear las entregas y aumento de los costos de flete.

Marisol Alfonso de Armas, jefa del Fondo de Población de la ONU (UNFPA) en Cuba, estimó que unas 200,000 personas —principalmente mujeres— se verán impactadas por la ralentización de proyectos que incluyen la distribución de insumos médicos, anticonceptivos y equipamientos. “Algunos de estos insumos están ya en los almacenes y no hemos podido transportarlos”, lamentó.

Pichón señaló que la ONU evalúa la posibilidad de importar combustible para sus propias operaciones mediante acuerdos diplomáticos. Mientras, el gobierno cubano autorizó recientemente a pequeñas y medianas empresas privadas a importar petróleo, una actividad hasta ahora exclusiva del Estado.

“Hay esfuerzos en ese sentido. Nuestra sede entiende bien la situación actual”, dijo Pichón, recordando que organismos como el Programa Mundial de Alimentos tienen experiencia en movilizar combustible hacia zonas en crisis.

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