Pensilvania — Fernando Moreno lleva dos años en diálisis, esperando un nuevo riñón que le salve la vida. Su limitada red social había reducido sus posibilidades, hasta que el hospital de Filadelfia donde se trata lo conectó con un innovador programa que lo emparejó con “ángeles defensores”: personas de distintas partes del país que difunden su historia en redes sociales para ayudarlo a encontrar un donante.
El proyecto, llamado el Gran Experimento Social, fue creado por el cineasta David Krissman en Los Ángeles y busca demostrar que extraños motivados pueden ampliar las oportunidades para quienes esperan un trasplante. “Este proceso es genial”, dijo Moreno, de 50 años. “Solo espero que haya alguien dispuesto a arriesgarse”.
El programa piloto inició en mayo en tres hospitales de Pensilvania e involucra a 15 pacientes. Es financiado con una subvención de más de $100,000 otorgada por la fundación del Gift of Life Donor Program, red que gestiona órganos en el este de Pensilvania, el sur de Nueva Jersey y Delaware. Hasta ahora, dos pacientes del Hospital Universitario de Temple y uno del Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh han conseguido donantes.
Krissman busca aprender qué tipo de mensajes logran conectar con posibles donantes vivos. “Los pacientes están muy enfermos o carecen de habilidades para hacer esto por sí mismos”, explicó. Richard Hasz Jr., director ejecutivo de Gift of Life, destacó que es el primer programa de su tipo y que podría servir de modelo nacional.
Inspirado por su propia enfermedad renal hace dos décadas, Krissman comenzó a producir contenido sobre el tema y a conectar pacientes con donantes. En Carolina del Norte logró que tres participantes recibieran un nuevo riñón. Ahora espera que el proyecto en Pensilvania tenga un “efecto bola de nieve”.
Se estima que 90,000 personas en Estados Unidos esperan un trasplante de riñón. El año pasado se realizaron cerca de 28,000 trasplantes, de los cuales solo 6,400 procedieron de donantes vivos. Las donaciones en vida son más compatibles y duraderas, pero todavía escasas.
Francis Beaumier, de Wisconsin, quien ha donado un riñón y parte de su hígado, se unió como voluntario del programa. “Es una manera pequeña pero grande de marcar la diferencia”, afirmó. Holly Armstrong, otra “ángel defensora”, confía en que sus publicaciones inspiren a otros: “Tal vez alguien deje de hacer scroll y diga: ‘Este chico necesita un riñón’”.
El esfuerzo también apoya a pacientes como Ahmad Collins, de 50 años, quien necesita diálisis de diez horas cada noche tras sufrir daño renal. En un acto en Harrisburg, sus allegados escucharon cómo Krissman explicaba el proceso y alentaba la esperanza de que un desconocido pueda cambiarle la vida. “Lo que David intenta es crear una red de apoyo en torno a estos pacientes”, resume Ryan Ihlenfeldt, del Hospital de Temple.




