El primer acuerdo legalmente vinculante del mundo para proteger la vida marina en aguas internacionales entró en vigor este sábado, marcando un momento histórico tras casi dos décadas de negociaciones. El Tratado de Alta Mar abarca casi la mitad del planeta: las enormes zonas oceánicas fuera del control de cualquier país, hoy amenazadas por la sobrepesca, la contaminación plástica, la minería submarina y el cambio climático.
El tratado comenzó a regir 120 días después de alcanzar la ratificación de 60 países en septiembre. Hasta el viernes, 83 naciones lo habían ratificado, entre ellas China y Japón. El acuerdo crea un marco legal para establecer Áreas Marinas Protegidas en alta mar, donde actualmente solo el 1% de las aguas gozan de protección.
Desde su entrada en vigor, los países firmantes deberán cooperar en investigación científica y tecnología oceánica, además de apoyar a las naciones en desarrollo para fortalecer su participación en la gobernanza de los océanos. Las actividades con potencial de dañar la vida marina deberán someterse a evaluaciones de impacto ambiental según los estándares del tratado. También se establece la obligación de compartir información sobre investigaciones con posible uso comercial, como el desarrollo de nuevos medicamentos.
Los países deberán promover los objetivos de conservación en organismos internacionales como la Organización Marítima Internacional y la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos. Aunque aún se desarrollan estructuras como la secretaría y el cuerpo científico, ya se preparan propuestas de nuevas zonas protegidas, como el mar de los Sargazos, los montes submarinos Emperador en el Pacífico Norte y las cordilleras Salas y Gómez y Nazca frente a Sudamérica.
Los conservacionistas insisten en que los gobiernos deben actuar con rapidez para cumplir el objetivo global de proteger el 30% de los océanos para 2030. “Las áreas marinas protegidas por el tratado serán tan fuertes como los gobiernos las hagan”, señaló Megan Randles, de Greenpeace. Rebecca Hubbard, directora de la Alianza de Alta Mar, añadió que aún se debate cómo monitorear las zonas protegidas, mencionando opciones como la tecnología satelital y patrullas multinacionales.
En el plazo de un año se celebrará la primera Conferencia de las Partes (COP), donde se definirán presupuestos, comités y otros mecanismos de implementación. La primera aprobación de un área protegida podría ocurrir en una segunda COP, cuando ya exista el cuerpo científico evaluador.
Estados Unidos firmó el tratado, pero aún no lo ha ratificado, por lo que solo puede participar como observador. “El Tratado de Alta Mar tiene un apoyo político increíblemente amplio”, dijo Hubbard. Randles añadió: “El tratado es una señal de que, en un mundo dividido, proteger la naturaleza y nuestros bienes comunes globales aún puede triunfar sobre las rivalidades políticas. El océano nos conecta a todos.”




