Kilmar Ábrego García no era un activista ni buscaba involucrarse en un conflicto político cuando quedó atrapado en uno de los casos migratorios más controvertidos de la administración del presidente Donald Trump, según explicó su abogado, Simon Sandoval-Moshenberg, a The Associated Press.
Después de haber sido enviado por error a una prisión en El Salvador en marzo, Ábrego García intenta volver a estabilizar su vida junto a su familia mientras espera una resolución justa. “Ha pasado por mucho y sigue luchando”, dijo su abogado, quien asegura que su cliente enfrenta límites impuestos por la ley y el poder del gobierno estadounidense.
Su deportación errónea se convirtió en un símbolo de oposición a las políticas migratorias del entonces presidente Trump. Aunque funcionarios estadounidenses lo vincularon con la pandilla MS-13 y luego lo acusaron de tráfico de personas, nunca fue procesado. Esas alegaciones fueron calificadas por su defensa como absurdas y vengativas.
Tras cumplir con una orden judicial que exigía su regreso a Estados Unidos, el caso continuó entre apelaciones y nuevos cargos. Una jueza en Maryland ordenó recientemente su liberación y prohibió que el gobierno lo detuviera nuevamente hasta una próxima audiencia. El Departamento de Seguridad Nacional criticó la decisión y prometió apelar, calificándola de “activismo judicial descarado”.
Sandoval-Moshenberg considera que su cliente tiene opciones legales, entre ellas solicitar asilo —reclamación inicialmente rechazada en 2019 por tardanza— o pedir la residencia por estar casado con una ciudadana estadounidense. También podría aceptar la oferta de Costa Rica para recibirlo como refugiado, aunque el abogado duda que el gobierno estadounidense facilite esa salida. “Están enfocados en castigarlo”, expresó.
El abogado aseguró que Ábrego García fue torturado en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) en El Salvador, algo que las autoridades salvadoreñas niegan y que no ha podido ser comprobado de forma independiente. Su mayor temor, afirmó, es regresar a esa prisión.
“Es un tipo cualquiera”, enfatizó Sandoval-Moshenberg, quien reconoció no entender por qué el gobierno ha insistido tanto en su caso. Por ahora, Ábrego García permanece en libertad temporal mientras espera la fecha de una nueva audiencia que definirá su futuro migratorio. “El suelo bajo sus pies es solo terremoto tras terremoto”, resumió su abogado sobre el impacto emocional que este proceso ha tenido en él y en su familia.




