En un Puerto Rico afectado por la pobreza infantil, el modelo familiar “tradicional” ha ido transformándose. Cada vez son más los hogares encabezados por un solo progenitor —en su mayoría madres— y donde los abuelos desempeñan un papel fundamental en la crianza de los nietos.
Miles de adultos mayores han asumido la responsabilidad directa del cuidado de sus nietos ante la ausencia de los padres. Este fenómeno, destacan expertos, refleja una tendencia creciente que expone a las personas mayores —un grupo ya vulnerable y en rápido aumento— a una carga social y emocional adicional.
El cambio responde a factores como la emigración, la precariedad económica y la desintegración de los núcleos familiares. Estos abuelos, a menudo con recursos limitados y problemas de salud propios de la edad, enfrentan la difícil tarea de brindar estabilidad, apoyo y educación a una nueva generación bajo circunstancias desafiantes.
El fenómeno no solo redefine los vínculos familiares, sino que también plantea la necesidad de políticas públicas que reconozcan y respalden a los adultos mayores que hoy sostienen la crianza en Puerto Rico.




