En su cuarto embarazo, Elgie Tirado Lebrón atravesó una depresión perinatal tras haber sufrido violencia obstétrica en sus partos anteriores. No fue sino años después que logró recibir ayuda profesional para sanar los traumas asociados a su maternidad.
Su historia refleja una realidad que enfrentan muchas mujeres en Puerto Rico: la ausencia de un protocolo oficial del Departamento de Salud para atender los casos de depresión posparto, a pesar de que existe una ley que ordena su implementación.
La falta de seguimiento y apoyo coordinado ha dejado a numerosas madres sin la orientación ni los servicios necesarios durante una etapa crítica, convirtiendo en letra muerta una legislación que buscaba proteger su bienestar emocional.




