Jerusalén – El primer ministro Benjamin Netanyahu deberá decidir pronto la fecha de las próximas elecciones en Israel. Sin embargo, con la guerra extendiéndose en varios frentes y sin un final claro, sus enemigos en Irán y Líbano podrían influir en esa decisión.
En juego está su legado político: una victoria consolidaría su imagen como el líder que más tiempo ha gobernado Israel y podría acallar los reclamos de rendición de cuentas por los atentados de Hamas del 7 de octubre de 2023, que desataron una prolongada guerra regional. En cambio, una derrota lo colocaría como la principal víctima política de aquella tragedia, aún presente en la mente de los israelíes.
El mandato de Netanyahu concluye en octubre, fecha límite para celebrar las elecciones. No obstante, puede disolver antes la coalición y convocar comicios anticipados, una práctica habitual en la política israelí. Según analistas, el primer ministro busca escoger el momento que le otorgue la mayor ventaja junto a sus aliados religiosos y nacionalistas.
La posibilidad de adelantar la votación depende del curso del conflicto. Una rápida victoria sobre Irán podría fortalecerlo y brindarle confianza para llamar a elecciones anticipadas, apoyándose en la alianza militar con el presidente estadounidense Donald Trump. Pero, tres semanas después del inicio de la guerra, ese escenario luce poco probable. Irán continúa lanzando misiles, la ofensiva de Hezbolá en Líbano se intensifica y la interrupción del flujo de petróleo ha agravado la crisis económica global. En Washington, sectores del Partido Republicano han comenzado a acusar a Israel de empujar a Estados Unidos hacia una guerra innecesaria.
En Israel, aunque el público respalda en su mayoría la guerra, las encuestas no reflejan beneficios políticos para Netanyahu o su coalición. “No parece que haya ningún cambio notable en la opinión pública”, explicó Yohanan Plesner, presidente del Instituto para la Democracia de Israel. “Prefiero ganar más tiempo y agotar todo el mandato de que dispone”.
Netanyahu, que aún dispone de unas semanas para decidir, insinuó recientemente que las elecciones podrían realizarse en septiembre u octubre. Esa ventana le daría unos meses adicionales para recuperar terreno político. Sin embargo, un conflicto prolongado podría complicar su posición, incrementar las bajas israelíes y desgastar aún más a la población. En el norte del país, los ataques de Hezbolá han generado frustración incluso entre sus simpatizantes.
En el plano internacional, un conflicto extenso podría tensar su relación con Trump y deteriorar aún más la imagen global de Israel, marcada por las críticas a la guerra en Gaza y las acusaciones de crímenes de guerra presentadas ante la Corte Penal Internacional, que Netanyahu niega.
De acuerdo con Plesner, un adelanto a inicios de septiembre, antes de las vacaciones de otoño, podría ser el momento más estratégico para el primer ministro.




