El presidente Donald Trump leyó un pasaje del Segundo Libro de Crónicas durante un maratón de lectura de la Biblia, gesto que ha generado controversia por el fuerte simbolismo que encierra en el contexto político y religioso actual de Estados Unidos. El evento, celebrado principalmente en el Museo de la Biblia en Washington, forma parte del proyecto America Reads the Bible, en el que cientos de participantes leen en voz alta las Escrituras a lo largo de una semana. Trump participó mediante un video grabado desde el Despacho Oval.
El mandatario escogió el versículo 14 del capítulo 7 de Crónicas, que exhorta al arrepentimiento y promete la sanación de la tierra para quienes buscan a Dios. Este fragmento ha sido durante décadas un pilar en los servicios del Día Nacional de Oración y es especialmente valorado por quienes sostienen que Estados Unidos fue fundado como una nación cristiana.
Bunni Pounds, fundadora de Christians Engaged, organización que promovió la actividad, afirmó que la lectura de Trump fue “una declaración poderosa”. El pasaje ha resonado en mítines y ceremonias religiosas desde mediados del siglo XX, cuando el Congreso estableció por ley el Día Nacional de Oración cada primer jueves de mayo. En ceremonias pasadas, el presidente Dwight D. Eisenhower juró sobre una Biblia abierta en este pasaje, y Ronald Reagan lo citó en la proclamación del Día Nacional de Oración de 1984.
El texto también ha sido evocado en momentos de tensión. Couy Griffin, fundador del grupo Cowboys for Trump, lo mencionó el 6 de enero de 2021 al orar ante manifestantes en el asalto al Capitolio.
Sin embargo, críticos consideran que el versículo se utiliza fuera de contexto. El pastor bautista Brian Kaylor, presidente de Word & Way, explicó que el pasaje se ha convertido en un símbolo del nacionalismo cristiano y advirtió que su uso busca promover la idea de que Estados Unidos debe ser una nación puramente cristiana, pese a su diversidad. “Este versículo no trata sobre Estados Unidos”, afirmó Kaylor, destacando que se refiere a una promesa hecha al antiguo Israel durante el reinado del rey Salomón, hace unos 3,000 años.
A pesar de las críticas, el texto sigue siendo popular entre políticos republicanos, pastores y activistas religiosos que participan en este tipo de lecturas públicas. Entre ellos figura Mike Huckabee, embajador de Estados Unidos en Israel, quien leyó un pasaje del Génesis, y David Barton, fundador de Wallbuilders, que promueve la idea de que la nación tiene raíces cristianas.
El maratón bíblico, que cuenta también con la participación de celebridades y líderes religiosos, refleja cómo los discursos religiosos continúan entrelazándose con la política estadounidense, especialmente entre los votantes evangélicos, uno de los pilares más fieles del movimiento de Trump.




