Trump enfrenta grandes retos en su plan para tomar y reactivar el petróleo venezolano

El plan de Donald Trump para controlar y reanimar la industria petrolera de Venezuela afronta enormes desafíos económicos, políticos y legales.
El plan se enfrenta a problemas económicos, políticos y legales, lo que limita el impacto inmediato en el precio mundial del petróleo

El presidente Donald Trump propuso tomar el control de la industria petrolera de Venezuela y encargar a compañías estadounidenses su reactivación, luego de capturar al presidente Nicolás Maduro en una redada. Sin embargo, especialistas advierten que esta estrategia no tendría un impacto inmediato en los precios del crudo.

Tras años de abandono y sanciones, la industria petrolera venezolana necesitaría tiempo y grandes inversiones para recuperar su capacidad. Analistas estiman que podría duplicar o triplicar su producción actual de 1.1 millones de barriles diarios, aunque eso dependería de la estabilidad política.

Patrick De Haan, analista jefe de GasBuddy, señaló que las instalaciones “llevan años deteriorándose y llevará tiempo reconstruirlas”. Mientras tanto, las petroleras estadounidenses se muestran cautelosas ante la inestabilidad política, tras un fin de semana en el que Trump declaró que Estados Unidos “está a cargo” y el alto tribunal venezolano ordenó a la vicepresidenta asumir como presidenta interina.

Phil Flynn, de Price Futures Group, opinó que si Washington logra estabilizar el país, “las compañías energéticas estadounidenses podrían entrar y revitalizar la industria con rapidez”. Según Flynn, un resurgimiento venezolano podría mantener precios bajos a largo plazo y aumentar la presión sobre Rusia.

Venezuela, miembro de la OPEP, cuenta con las mayores reservas probadas del mundo —303,000 millones de barriles, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos— pero produce menos del 1% del suministro global. Los niveles han caído desde 3.5 millones de barriles diarios en 1999 hasta la producción actual, lastrados por la corrupción, la mala gestión y las sanciones.

Francisco Monaldi, de la Universidad Rice, advirtió que no basta con reparar la infraestructura: “Las empresas no invertirán hasta tener garantías sobre la estabilidad política y los contratos”. Estimó que duplicar la producción tomaría una década y exigiría inversiones cercanas a 100,000 millones de dólares.

Chevron, con producción de unos 250,000 barriles diarios, es la única petrolera estadounidense aún activa en el país. ExxonMobil y ConocoPhillips, en cambio, se retiraron tras las nacionalizaciones impulsadas por el presidente Hugo Chávez en 2007.

El crudo pesado venezolano sigue siendo vital para refinerías del Golfo de Estados Unidos, diseñadas para procesar ese tipo de petróleo. Su disponibilidad podría aliviar la escasez mundial de diésel y reducir la dependencia del crudo ruso.

Pero el mayor obstáculo podría ser legal. Matthew Waxman, profesor de Derecho en la Universidad de Columbia y exfuncionario de seguridad nacional, señaló que una potencia ocupante “no puede enriquecerse tomando los recursos de otro Estado”. Añadió que la administración Trump probablemente argumentará que el gobierno venezolano “nunca los tuvo legítimamente”.

Aunque el futuro petrolero de Venezuela sigue incierto, los expertos coinciden en que su recuperación dependerá tanto de estabilidad política como de voluntad internacional para invertir en su reconstrucción.

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