Cada 2 de febrero, la atención se concentra en Gobbler’s Knob, al oeste de Pensilvania, cuando los cuidadores de una marmota llamada Punxsutawney Phil anuncian si vio o no su sombra. De ese gesto simbólico depende el pronóstico: seis semanas más de invierno o la llegada anticipada de la primavera.
Miles de personas acuden a este evento anual, cuya popularidad creció notablemente tras el estreno de la película de Bill Murray “El día de la marmota” en 1993. Aunque hoy es un gran atractivo turístico, la tradición tiene raíces mucho más antiguas ligadas a la vida agrícola europea.
El Día de la Marmota marca el punto medio entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera. Sus orígenes se remontan a celebraciones celtas como Imbolc y a la festividad cristiana de la Candelaria. En Alemania, era común observar animales como tejones u osos para predecir el clima, una costumbre que los alemanes de Pensilvania adaptaron usando la marmota, animal nativo de la región.
Según el difunto Don Yoder, profesor de la Universidad de Pensilvania, ya en 1841 existían referencias a estos pronósticos entre familias de ascendencia alemana. Yoder concluyó que el festival tiene raíces en antiguas tradiciones meteorológicas prehistóricas.
Aunque Phil es la marmota más famosa, no es la única. En distintas zonas de Pensilvania y otros estados existen clubes y logias con sus propios animales predictivos. En Quarryville, por ejemplo, la Logia de la Marmota Durmiente confía en Octoraro Orphie, a quien su presidente, Charlie Hart, considera infalible.
El evento de Punxsutawney no se toma demasiado en serio. “Sabemos que es una tontería; sabemos que es divertido”, dijo Marcy Galando, directora ejecutiva del Club de la Marmota de Punxsutawney, al subrayar que el objetivo es disfrutar con sentido del humor.
La marmota, conocida también como “grundsau”, es un roedor emparentado con las ardillas. Aunque es comestible y cazada en grandes cantidades, su papel en esta fecha es principalmente simbólico. En cuanto a la precisión de Phil, incluso sus seguidores reconocen que la ciencia detrás del pronóstico es, como mínimo, discutible.
Más allá de acertar o no en el clima, el Día de la Marmota sigue siendo un ritual popular que invita, al menos por unos minutos, a desconectarse de la vida moderna.




