Los terremotos en Venezuela han dejado una profunda huella de devastación, y María Edén Sánchez, una boricua que se encuentra en Caracas, es una de las muchas personas afectadas. Su historia es un reflejo del caos y la incertidumbre que han enfrentado los residentes, quienes ahora se encuentran en lugares improvisados y con necesidades urgentes.


María Edén llegó a Caracas con la esperanza de regresar a Puerto Rico el 30 de junio, pero la situación cambió drásticamente. En la madrugada del miércoles, un temblor de magnitud 4.6 sacudió la ciudad, y ella recuerda cómo "el primer jamaqueón me tiró contra el clóset". La destrucción es evidente, y ella misma describe el escenario: "Hay mucha destrucción. Está sin techo, y la pista está agrietada".

A medida que el primer temblor la sorprendía, Sánchez apenas tuvo tiempo para vestirse y bajar las escaleras descalza, mientras el caos se desataba a su alrededor. "Solamente me dio tiempo de ponerme unas pijamas y bajé las escaleras descalza", relata Sánchez. Ella intentó mantenerse en pie, pero el segundo sismo la llevó a experimentar una lucha constante por equilibrarse en medio de la confusión: "Me traté de agarrar de las paredes y no se podía".


Gracias a Dios, ella y su familia lograron salir sin mayores daños. Sin embargo, el camino hacia la seguridad no fue fácil. "Corrí las calles descalza. Dios me vino a cuidar porque no me pasó nada. Había muchos cables, postes, árboles… había que moverse rápido". La angustia de no poder dormir adecuadamente se suma al estrés de las réplicas constantes; "No hemos dormido nada. Lo que hacíamos era dormitar, pero con las réplicas uno siempre estaba pendiente".

La situación humanitaria es crítica. María Edén y su nuera, junto a su nieta, se encuentran refugiadas en una escuela de artes marciales. La escasez de alimentos es alarmante, y ella menciona que, tras el caos, lograron conseguir un café y algunos productos básicos: "En un local que se llama Farmatodo pudimos comprar Pampers, las cosas para la bebé y chucherías para nosotros picar. Comida como tal no hay". Esta situación resalta la urgencia de asistencia humanitaria para aquellos que han quedado atrapados en la incertidumbre.


Mientras tanto, la comunidad boricua y venezolana se une en la solidaridad y el apoyo mutuo, esperando que la calma regrese a sus vidas. La experiencia de María Edén sirve como un recordatorio del poder de la resiliencia en tiempos de crisis. Aunque la temporada de terremotos ha traído consigo el miedo y la inseguridad, también ha revelado la fuerza de la comunidad y la esperanza de un futuro mejor.
Fuentes: scholarspace.manoa.hawaii.edu, escholarship.org, en.wikipedia.org
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