Rusia ha acusado a Ucrania de estar detrás de varios atentados contra funcionarios y figuras influyentes desde que invadió ese país hace casi cuatro años. Kiev, por su parte, ha insinuado su participación en algunos casos, pero en general evita confirmarlo o lo niega públicamente.
El episodio más reciente ocurrió el lunes, cuando el teniente general Fanil Sarvarov murió en Moscú tras la explosión de un coche bomba. Las autoridades rusas investigan si Ucrania tuvo alguna participación en el ataque, pero Kiev no ha emitido comentarios.
Entre los casos que Rusia atribuye a Ucrania se encuentra el del general Igor Kirillov, jefe de las fuerzas de protección nuclear, biológica y química, quien murió junto a su asistente en diciembre de 2024 por una bomba colocada en una scooter. El Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) había acusado a Kirillov de ordenar el uso de armas químicas prohibidas y luego se adjudicó el ataque.
Otro episodio fue el asesinato del general de brigada Yaroslav Moskalik, jefe adjunto del Estado Mayor ruso, quien murió en abril de 2025 por una bomba colocada debajo de su automóvil. Días después, el presidente Volodymyr Zelenskyy habló de la “eliminación de altos mandos” rusos, sin precisar nombres.
En julio de 2023, el excomandante de submarinos Stanislav Rzhitsky fue asesinado mientras corría en Krasnodar. Medios ucranianos reportaron que había participado en ataques con misiles que mataron a 23 personas en Vinnytsia. Un ciudadano ruso-ucraniano fue condenado por el crimen.
El escritor nacionalista Zakhar Prilepin sobrevivió a un atentado con coche bomba en mayo de 2023, aunque su conductor falleció. Rusia culpó a Ucrania y un tribunal impuso cadena perpetua a un acusado ucraniano. El jefe del SBU, Vasyl Maliuk, se negó a asumir responsabilidad, aunque dio detalles del ataque.
Ese mismo año, el bloguero militar Vladlen Tatarsky murió al explotar una bomba dentro de una cafetería de San Petersburgo. Darya Trepova fue condenada a 27 años de prisión por entregar la estatua que ocultaba el explosivo. Maliuk también evitó atribuir el atentado directamente a Kiev, pero lo describió como un castigo contra un “propagandista ruso”.
En diciembre de 2023, el exdiputado ucraniano Illia Kyva —refugiado en Rusia tras la invasión— fue hallado muerto cerca de Moscú con una herida de bala. Antes había sido sentenciado en ausencia por traición en Ucrania. Un portavoz de la inteligencia militar ucraniana advirtió entonces que “otros traidores correrán el mismo destino”.
El caso más mediático fue el de Darya Dugina, hija del filósofo Alexander Dugin, quien murió en agosto de 2022 tras la explosión de una bomba en su vehículo. Zelenskyy negó cualquier vínculo de Ucrania con el ataque, mientras que el FSB identificó a dos sospechosos ucranianos que supuestamente huyeron del país.
Pese a la falta de reivindicaciones públicas en varios de estos episodios, Moscú sostiene que los servicios de inteligencia ucranianos están detrás de una campaña dirigida a eliminar figuras clave del régimen y de su aparato militar.




