Quedar atrapado en arenas movedizas parece un peligro de películas antiguas, pero le ocurrió a un excursionista en el Parque Nacional Arches, en Utah. Este parque, famoso por sus arcos naturales de arenisca y visitado por más de un millón de personas al año, ha registrado varios accidentes, aunque los casos de arenas movedizas son poco comunes.
John Marshall, quien coordinó el rescate y había ayudado antes en un incidente similar, relató que el excursionista, cuya identidad no fue divulgada, se hundió hasta el muslo mientras cruzaba un cañón durante un recorrido de 20 millas. Al no poder liberarse, activó una baliza satelital que alertó al personal de emergencias del condado de Grand a las 7:15 a.m.
Marshall, aún sorprendido por el reporte, reunió un equipo con vehículos todoterreno, escaleras, tablas y un dron. Desde el aire, observó que un guardabosques intentaba ayudar al hombre con una pala, pero la arena volvía a cerrarse de inmediato. El equipo de rescate usó las herramientas para aflojar el terreno y, tras un par de horas en temperaturas bajo cero, lograron liberar al excursionista, quien pudo caminar por su cuenta tras ser calentado.
Marshall explicó que, aunque las arenas movedizas representan un riesgo real, el mito de que una persona puede hundirse por completo es falso. “En realidad, eres muy flotante; la mayoría no se hunde más allá de la cintura”, afirmó.
En 2014, el mismo Marshall —entonces médico— participó en el rescate de una mujer de 78 años que permaneció atrapada más de 13 horas en el mismo cañón, apenas dos millas del lugar del reciente incidente. Sus compañeros del club de lectura alertaron tras su ausencia y lograron encontrarla a tiempo. La mujer se recuperó totalmente.
“Ambos tuvieron finales muy felices”, concluyó Marshall, satisfecho de que las rápidas acciones del equipo evitaran una tragedia en el desierto de Utah.




