Puerto Rico enfrentó dos epidemias de peste bubónica que transformaron San Juan

En 1912 y 1921, la peste bubónica azotó la isla y redefinió la salud pública y el urbanismo de San Juan.
El aumento en la eficiencia y la capacidad de los buques mercantes a finales del siglo XIX y principios del XX, facilitó la propagación de esta pandemia

Cuando se habla de peste bubónica, es inevitable pensar en los brotes de la Europa medieval que causaron millones de muertes entre 1347 y 1353. Sin embargo, Puerto Rico también vivió dos epidemias de esta enfermedad en el siglo XX, que marcaron profundamente su desarrollo urbano y sanitario.

El doctor José G. Rigau Pérez, médico epidemiólogo retirado del US Public Health Service y catedrático auxiliar en la Universidad de Puerto Rico, explica que las mejoras en la navegación mercante a finales del siglo XIX facilitaron la propagación de la peste, que llegó a la isla por vía marítima. La primera epidemia, en 1912, tuvo su foco en Puerta de Tierra, con 55 casos confirmados; la segunda, en 1921, se extendió a varios municipios.

Rigau Pérez detalla que la peste, transmitida por pulgas de ratas infectadas, causó alta mortalidad y forzó agresivas campañas de limpieza. El primer brote comenzó el 14 de junio de 1912 con la muerte de un vecino de Puerta de Tierra. En los tres meses que duró la emergencia se registraron 55 casos, de los cuales 36 personas murieron. Las autoridades sospecharon que la enfermedad llegó a través de barcos procedentes de las Islas Canarias.

La respuesta gubernamental fue deficiente. El gobernador interino Drey Carrell reconoció oficialmente la epidemia el 19 de junio, tras varios intentos por restarle gravedad. Luego, el US Public Health Service, junto con el Ejército de Estados Unidos y el Departamento de Sanidad local, asumió el control de la erradicación.

Las medidas tomadas transformaron el paisaje urbano. Se aprobaron leyes que exigían construcciones «a prueba de ratas» y regulaban el manejo de alimentos, basura y animales domésticos. No obstante, estas acciones provocaron desalojos de familias pobres, lo que profundizó las desigualdades sociales.

En 1921, un nuevo brote provocó 20 muertes y afectó a ocho municipios, entre ellos San Juan, Caguas y Carolina. De acuerdo con reportes de la época, el foco de infección se concentró en la calle Tetuán. El Departamento de Sanidad lideró la respuesta con apoyo de la Fundación Rockefeller. Tras esta segunda epidemia, se mantuvo un laboratorio de detección hasta finales de la década de 1920. Desde entonces, la peste no ha vuelto a detectarse en Puerto Rico.

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