Cientos de nicaragüenses en Miami celebraron la festividad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María con la tradicional “gritería”, entre flores, luces y cánticos que llenaron los alrededores de la iglesia católica San Juan Bosco el pasado 8 de diciembre.
Altar tras altar, decorados con globos, banderas y estatuillas, reflejaron la devoción y nostalgia de quienes mantienen viva su fe lejos de su tierra natal. “Lo vamos a hacer sin importar lo que pase. Es tradición, familia y fe”, expresó Neri Flores, quien viajó desde Chicago junto a sus padres. La familia colocó una pintura que su madre trajo consigo al cruzar la frontera cuando estaba embarazada de él en los años 80.
En medio de la represión religiosa que se vive en Nicaragua bajo el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, el fervor de los fieles se mezcla con la preocupación por las medidas migratorias del presidente Donald Trump, que podrían afectar a miles de nicaragüenses protegidos legalmente en Estados Unidos.
El reverendo Yader Centeno, párroco de San Juan Bosco, destacó la valentía de sus feligreses: “Para la gente que está aquí, es un momento para fortalecer la fe y anunciar a Nicaragua que aquí nosotros somos libres”. Más de mil personas participaron en la vigilia, cantando y compartiendo comida típica como yuca y chicharrones.
En otro punto de Miami, el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, presidió una misa en la parroquia Santa Águeda. En su homilía pidió denunciar a quienes usan la fe para oprimir y recordó: “La Virgen no se va a olvidar de nuestro pueblo, y un día Nicaragua será libre”. Báez salió de su país en 2019 por razones de seguridad y ha continuado guiando espiritualmente a la comunidad nicaragüense desde el exilio.
El sacerdote Marcos Somarriba pidió al presidente Trump y al secretario de Estado, Marco Rubio, atender la persecución religiosa que sufren fieles en países como Nicaragua y Venezuela, y proteger a los migrantes que han perdido su patria.
Pese a los rumores sobre operativos migratorios, familias enteras desafiaron el miedo para participar. “Te sientes como en el patio de tu casa”, dijo Oscar Carballo frente a un altar. “Solo pedimos poder continuar aquí y que haya paz por todas partes”.




