Nueve personas confinadas han hecho historia al completar su maestría en Gestión y Administración Cultural (MAGAC) en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Este logro es parte del Programa de Estudios Universitarios para Personas Confinadas, que busca empoderar a esta población a través de la educación. La ceremonia de graduación se llevará a cabo el lunes 22, donde se reconocerán estos esfuerzos significativos en un ámbito a menudo marginado por la sociedad.
Transformación a través de la educación
Omayra Torres Sánchez, una de las graduandas, enfatiza el impacto que ha tenido la educación en su vida. "La educación me empoderó, me brindó las herramientas, me ayudó a apalabrar lo que se vive, lo que se pasa; me ayudó a soñar y a tener nuevas metas", expresó en una entrevista. Su camino en el programa comenzó en 2014, y desde entonces ha notado un giro radical en su vida, indicando que la educación no solo abre puertas, sino que transforma realidades.
Yarelys Rossy Pérez y Sheila Figueroa Suárez, también graduandas, compartieron sus experiencias desde que se unieron al programa en 2016. Ambas resaltaron cómo su vida ha cambiado drásticamente al poder acceder a estudios universitarios. "Ha sido un cambio en todos los aspectos", comentaron, resaltando la importancia de la alfabetización y la educación penitenciaria en su proceso de rehabilitación.
Un programa que empodera
El Programa de Estudios Universitarios para Personas Confinadas, que celebra su décimo aniversario, ha sido fundamental para la reintegración social y el desarrollo personal de los participantes. Javier Rodríguez Rodríguez y Héctor Andújar Aquino, dos de los graduandos, también mencionaron cómo la educación les permitió enfrentar y entender mejor los procesos legales a los que están sometidos. Rodríguez Rodríguez elaboró una guía sobre el lenguaje jurídico, señalando que "el lenguaje jurídico tan técnico pertenece a una élite de la sociedad" y que su objetivo era que todos pudieran entenderlo.
El programa no solo se centra en el aspecto académico, sino que también promueve la reflexión sobre la corrección y rehabilitación en el sistema penitenciario. Los graduandos han podido desarrollar proyectos significativos, con un enfoque en la gestión cultural y la memoria universitaria, lo que les ha permitido no solo aprender, sino también contribuir a su comunidad de manera activa.
El futuro es esperanzador
La graduación representa un hito no solo para los participantes, sino para la sociedad puertorriqueña en su conjunto. Ver a estos graduandos con sus familias, quienes han apoyado su camino educativo, es un testimonio del poder que tiene la educación. "Tengo una familia que siempre me quiso ver en estos espacios educativos. Integrarme a todo esto y ver sus rostros, ver cómo se llenan de emoción al verme a mí en este momento, para mí, también es bien importante", dijo Figueroa Suárez.
La necesidad de más hombres en la educación también fue un punto destacado por los graduandos, quienes creen firmemente que el cambio comienza con la educación. Este programa no solo busca formar profesionales, sino también seres humanos capaces de contribuir positivamente a la sociedad.
La graduación de estos nueve confinados es una muestra clara de que, a pesar de las circunstancias, la educación puede ser un catalizador de cambio y esperanza en la vida de las personas. La comunidad espera con ansias lo que estos nuevos graduados aportarán al mundo exterior, después de haber superado tantos obstáculos a través del conocimiento.
Según el portal El Post Antillano, los graduandos llevarán a cabo una actividad de reconocimiento que destaca no solo sus logros académicos, sino también el impacto que han tenido en sus vidas y en la de sus seres queridos.
Fuentes: elpostantillano.net, uprrp.edu, instagram.com
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