La roca sagrada de los Shoshone regresa a su hogar milenario en Utah

Una roca con petroglifos de más de 1,000 años vuelve al norte de Utah, tras un largo proceso de repatriación tribal.
El esfuerzo de repatriación, que inició en 2011, culminó este mes en Utah

Tremonton, Utah — Una roca con petroglifos tallados hace más de mil años por los antepasados de la Banda del Noroeste de la Nación Shoshone regresó finalmente a su hogar en las montañas del norte de Utah. El proceso de repatriación comenzó en 2011 y culminó recientemente, cuando el monolito fue retirado de una losa de hormigón frente a una casa de reuniones de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Tremonton, unos 129 kilómetros al norte de Salt Lake City.

La Iglesia informó que historiadores y conservadores colaboraron con la tribu y el estado para trasladar y limpiar cuidadosamente la piedra de 2,500 libras. Durante el proceso se emplearon sierras, cinceles, jabón y agua para remover líquenes acumulados durante décadas.

Para Brad Parry, vicepresidente de la tribu, presenciar el retorno de la roca fue profundamente significativo. “Nuestra historia está muy fracturada por muchas cosas que nos han ocurrido. Que ahora salgan a la luz estas cosas positivas es reconstruir nuestra historia”, expresó. El sitio donde fue colocada nuevamente es considerado espiritual, un espacio donde los antepasados se reunían para acampar y cazar.

Diversas versiones circulan sobre cómo la roca llegó a la iglesia hace unos 80 años; se cree que fue transportada en una camioneta por un grupo de personas, aunque su motivo exacto sigue siendo un misterio, según explicó Ryan Saltzgiver, conservador de lugares históricos del Departamento de Historia de la Iglesia. Fotografías antiguas muestran que permaneció durante décadas en el patio del templo.

David Bolingbroke, historiador de la misma institución, señaló que la colocación del monolito en la capilla probablemente se debió a una falta de comprensión cultural, más que a una intención maliciosa.

En 2011, arqueólogos aficionados usaron un estudio de arte rupestre de 1937 para identificar el origen de la roca. Desde entonces, la Iglesia y la Oficina de Conservación Histórica del Estado de Utah trabajaron junto a la tribu para diseñar un plan ético de repatriación. Saltzgiver recalcó que la Iglesia tiene una obligación moral de devolver objetos sagrados a sus legítimos custodios.

La roca fue llevada a Provo, donde conservadores del Midwest Art Conservation Center limpiaron la superficie con herramientas de bambú y plástico para preservar la pátina original. Posteriormente, un helicóptero la transportó hasta un punto cercano a la frontera entre Utah e Idaho, cuyo lugar exacto se mantiene en reserva por motivos de seguridad.

Para marcar el regreso, el líder espiritual de la tribu, Ríos Pacheco, realizó una bendición en idioma shoshoni, reafirmando la conexión ancestral entre el pueblo Shoshone y la roca que simboliza parte de su memoria colectiva.

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