Con una pequeña maleta que guardaba pocas pertenencias y mucho miedo, Héctor L. Santiago llegó junto a sus hermanos a la Casa de Niños Manuel Fernández Juncos. Su ingreso se dio luego de separarse de su madre, quien atravesaba una difícil condición de salud mental. En aquel lugar, Héctor encontró lo que tanto necesitaba: un techo seguro, estabilidad emocional y un espacio donde las oportunidades empezaban a florecer.
Allí aprendió a superar sus miedos y a forjar su propio camino. La Casa de Niños, una institución con más de un siglo de historia dedicada al bienestar de la niñez en Puerto Rico, se convirtió en su hogar y en el punto de partida de una vida marcada por los logros y la superación personal.
Hoy, la historia de Héctor Santiago es un testimonio del impacto que tienen programas de apoyo como el de la Casa de Niños Manuel Fernández Juncos en la transformación de vidas. Su experiencia demuestra que, aun cuando la vida empieza con una “maletita” llena de incertidumbre, la esperanza y la oportunidad pueden escribir un nuevo destino.




