Washington — La intervención militar del presidente Donald Trump en Venezuela representa una nueva prueba para su capacidad de mantener unida a una coalición republicana cada vez más inquieta en un año electoral decisivo.
Aunque la mayoría de los republicanos respaldaron al presidente tras la sorpresiva operación para capturar al líder venezolano Nicolás Maduro y trasladarlo a Estados Unidos para enfrentar cargos criminales, surgieron señales de malestar en distintos sectores del partido. Los comentarios de Trump sobre que Estados Unidos se preparaba para “dirigir” Venezuela provocaron preocupación de que esté apartándose de su lema “Estados Unidos primero”, distintivo de su ascenso político.
La representante Marjorie Taylor Greene, de Georgia, exaliada de Trump, expresó en el programa “Meet the Press” de NBC que esta intervención “es el mismo libro de jugadas de Washington del que estamos tan hartos y cansados, que sirve a las corporaciones y a los bancos, no al pueblo estadounidense”.
Incluso voces moderadas compartieron ese malestar. El representante Brian Fitzpatrick, de Pensilvania, afirmó que “el único país que Estados Unidos debería dirigir es Estados Unidos de América”. Estas declaraciones reflejan las tensiones internas del partido mientras Trump intenta sostener su liderazgo, en un momento en que los republicanos temen perder el control del Congreso.
El presidente, firme en su postura, insistió el sábado en que “no tenía miedo de poner las botas en el terreno” si era necesario, asegurando que su prioridad era la seguridad de los estadounidenses. Además, planteó que Estados Unidos debía “rodearse de buenos vecinos” y revitalizar la industria petrolera venezolana, comparando su política con críticas que había hecho años atrás sobre la guerra de Irak.
El secretario de Estado Marco Rubio propuso un rol más limitado, señalando que Washington no gestionaría la gobernanza de Venezuela más allá de aplicar una “cuarentena petrolera”.
Por su parte, la senadora Susan Collins de Maine calificó a Maduro de “narcoterrorista y narcotraficante internacional”, aunque pidió que el Congreso fuera informado sobre las operaciones. El senador Rand Paul, conocido por su oposición a las intervenciones militares, se mostró cauto, afirmando en X que “el tiempo dirá si el cambio de régimen en Venezuela tiene éxito sin un coste significativo”.
Mientras tanto, Mitch McConnell, quien no busca la reelección, sostuvo que Trump posee “amplia autoridad constitucional y un largo precedente histórico para el uso limitado de la fuerza militar”.
A pesar de las críticas y advertencias, no se percibe una oposición republicana organizada contra la política de Trump hacia Venezuela. El mandatario sigue siendo la figura dominante dentro de su partido, aunque los recientes roces muestran que su control podría enfrentarse a nuevas pruebas en el camino electoral.




