Hawaii y Puerto Rico: una historia paralela de más de 120 años junto a EE.UU.

Dos archipiélagos que comparten una relación desigual con Estados Unidos desde finales del siglo XIX.
El tema de Bad Bunny “LO QUE LE PASÓ A HAWAii” despertó la curiosidad de los puertorriqueños sobre la historia de este archipiélago en el océano Pacífico

A lo largo de más de 120 años, Hawaii y Puerto Rico han mantenido trayectorias históricas entrelazadas pese a hallarse en extremos opuestos del planeta. El reciente interés en este paralelismo resurgió en Puerto Rico tras el lanzamiento del tema “LO QUE LE PASÓ A HAWAii” de Bad Bunny, que despertó reflexiones sobre el futuro político del Estado Libre Asociado.

La historiadora niponaestadounidense Misha Matsumoto Yee explica, en su artículo para el Gilder Lehrman Institute of American History, que la influencia de Estados Unidos en Hawaii comenzó mucho antes de su anexión formal en 1898 y de su admisión como estado en 1959. Desde mediados del siglo XIX, los intereses económicos estadounidenses impulsaron una política de control comercial. El Arancel McKinley de 1890, por ejemplo, eliminó el trato preferencial al azúcar hawaiana, abriendo el paso a la presión empresarial para la anexión.

Tras la muerte del rey Kalakaua en 1891, su hermana, la reina Liliuokalani, intentó fortalecer el poder nativo y rescatar los derechos políticos de los hawaianos. Sin embargo, en enero de 1893, un grupo de 13 plantadores y comerciantes —con apoyo del Ejército de Estados Unidos— ejecutó un golpe de Estado que la destituyó. En 1898, mediante la Resolución de Newlands, Estados Unidos anexó oficialmente el territorio.

Matsumoto Yee sostiene que la anexión respondió más a intereses políticos y económicos que a motivos de necesidad o benevolencia. Décadas más tarde, el 23 de noviembre de 1993, el presidente Bill Clinton firmó una resolución disculpándose formalmente con el pueblo hawaiano por el derrocamiento del reino.

En Puerto Rico, el proceso colonial siguió otro cauce, aunque con similitudes económicas. Según el historiador Francisco Scarano Fiol, empresarios estadounidenses comenzaron a invertir en la isla antes de la invasión de 1898. La compañía Ford and Company fundó la Central Aguirre en Salinas una semana antes de la llegada del ejército estadounidense. A inicios del siglo XX, corporaciones como la South Porto Rico Sugar Company y la Fajardo Sugar Company controlaban grandes extensiones de tierra y, para 1930, dominaban más del 50% de la producción azucarera local.

La historiadora Mayi Marrero apunta que, antes de la invasión, Puerto Rico había alcanzado un breve gobierno autonómico mediante la Carta Autonómica de 1897. Pero ese experimento de autogobierno duró apenas nueve días, tras la ocupación estadounidense del 25 de julio de 1898.

Ambos pueblos —hawaiiano y puertorriqueño— fueron moldeados por políticas estadounidenses que reestructuraron sus economías y sistemas sociales. En Hawaii, la prohibición del idioma hawaiano en las escuelas y en el gobierno estatal reforzó la segregación racial. “Los hawaianos nativos se unieron a trabajadores de Japón, China, Corea, Portugal, Puerto Rico y Filipinas, laborando largas jornadas por sueldos miserables”, apunta Matsumoto Yee.

Más de un siglo después, tanto Hawaii como Puerto Rico continúan enfrentando las secuelas de su incorporación al sistema estadounidense. Según Matsumoto Yee, los kanaka maoli viven un trauma histórico manifestado en la pérdida de idioma, cultura y tierras, aunque han sabido preservar su identidad, al igual que los puertorriqueños que mantienen viva su herencia nacional pese a la dependencia política y económica.

Estas historias paralelas —una convertida en estado y otra aún bajo estatus de territorio— reflejan los efectos duraderos de la expansión estadounidense en el Pacífico y el Caribe, así como la resistencia de sus pueblos por continuar definiéndose a sí mismos.

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