Emotiva celebración de vida honra el legado de José “Piculín” Ortiz

Fanáticos, exjugadores y figuras públicas llenaron el Coliseo Roberto Clemente para despedir al eterno número 4 del baloncesto boricua.
Familiares, excompañeros, figuras del deporte, la política y el entretenimiento se reunieron en el Coliseo Roberto Clemente para rendir homenaje al legendario exbaloncelista puertorriqueño

El Coliseo Roberto Clemente se vistió de homenaje este viernes para celebrar la vida del legendario José “Piculín” Ortiz. Desde temprano, una larga fila de aficionados aguardaba su turno para entrar y rendir tributo al inolvidable pívot, figura esencial del Baloncesto Superior Nacional y de la Selección de Puerto Rico.

En lugar de los tradicionales vítores deportivos, el recinto se llenó de aplausos y gritos de “¡Viva Picu!”, mientras Monseñor Antonio “Tito” Vázquez, de la Iglesia Stella Maris del Condado, dirigía una misa en memoria del astro, fallecido a los 62 años tras batallar contra el cáncer colorrectal.

Entre los presentes se encontraban figuras del deporte y la política, como Aníbal Acevedo Vilá, Alejandro García Padilla y el alcalde Miguel Romero. También asistieron excompañeros y rivales: Francisco “Papiro” León, Mario “Quijote” Morales, Raymond Dalmau, Carlos Arroyo, José Juan Barea, Rolando Hourruitiner, Mario Butler y otros grandes del baloncesto nacional.

El homenaje, organizado por la familia y la Federación de Baloncesto de Puerto Rico, comenzó con la voz de Chucho Avellanet y continuó con música de tunas de Segreles y de Cayey, el pueblo que vio crecer a Ortiz. En la pizarra central se proyectaban momentos de su brillante carrera, mientras el marcador reflejaba simbólicamente el “44:44” y el número “4” iluminaba las pantallas.

Durante la ceremonia, la madre del exjugador, Elba Rijos, leyó el Salmo 23, y su esposa, Sylvia Ríos, ofreció un emotivo mensaje en el que recordó al hombre detrás del atleta: “Amar está de moda, pero no todo el mundo sabe lo que es amar. Así amé a mi esposo, a mi Picu”, expresó conmovida. Sylvia habló también del amor de Piculín por Puerto Rico, “esa otra mujer” que él tanto defendía.

Su hija Neira Ortiz, voleibolista de la Selección Nacional, le agradeció haberle enseñado a luchar y a levantarse tras cada caída. Su hijo Gabriel, entre lágrimas, reconoció la emoción de reencontrarse con su familia y de sentir el cariño del pueblo hacia su padre.

El momento cumbre llegó con la interpretación del himno “La Borinqueña” por el violinista Fabrián Eli, mientras los asistentes lo entonaban con la bandera de Puerto Rico ondeando sobre una de las suites del coliseo.

El homenaje, que se extendió hasta la noche, reunió también a otras personalidades como Juan Dalmau y Dennis Márquez del PIP, el comisionado residente Pablo José Hernández y la presidenta del Comité Olímpico, Sara Rosario. Fue, sin duda, una velada de respeto, orgullo nacional y profunda emoción que celebró la vida y el legado del eterno número 4 del baloncesto puertorriqueño.

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