Cuba recibió en enero 184,833 visitantes internacionales, una caída del 5.9% respecto al mismo mes de 2025, según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI). Es el peor resultado en al menos 13 años, sin contar los años marcados por la pandemia de covid-19.
El turismo, uno de los pilares de la economía cubana, atraviesa una profunda crisis. Pese a que los mercados de Canadá y Rusia crecieron un 12% y un 31% respectivamente —con 99,727 y 15,688 viajeros—, la mayoría de los países redujeron sus llegadas. La comunidad cubana en el exterior bajó más de 40% y el flujo desde Estados Unidos se redujo 50.1%, hasta 6,997 visitantes.
También descendieron los arribos desde México (3,384), Francia (2,939), España (2,641) y Colombia (2,333). La ONEI atribuye la caída a la inestabilidad geopolítica en el Caribe y al asedio petrolero que limita los servicios en la isla, una medida que la Oficina de Derechos Humanos de la ONU considera contraria al derecho internacional.
En enero, todas las aerolíneas canadienses y rusas suspendieron temporalmente sus vuelos por falta de combustible, mientras varios gobiernos han desaconsejado viajar a Cuba. La situación se agrava por la incertidumbre entre Washington y La Habana y la crisis energética que golpea el transporte y la infraestructura turística.
En 2025, Cuba recibió poco más de 1.8 millones de turistas extranjeros, muy por debajo del objetivo oficial de 2.6 millones. En 2024 fueron 2.2 millones y en 2023, 2.4 millones. Estos números contrastan con los récords de 2018 (4.6 millones) y 2019 (4.2 millones), cuando el llamado “deshielo” con Estados Unidos alivió las restricciones de viaje.
Hoy, el panorama del turismo cubano dista del auge de destinos vecinos como Punta Cana y Cancún, que viven un repunte histórico tras la pandemia. Para Cuba, la caída representa un duro golpe a su economía, que depende del sector turístico, los servicios profesionales y las remesas como principales fuentes de divisas.




