Un nuevo informe advierte que, aunque se proyecta una leve reducción en los niveles de hambre en Haití, el alza vertiginosa de los precios del petróleo —impulsada por la guerra en Irán— podría revertir cualquier avance. La Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC) estima que entre marzo y junio más de 5.83 millones de haitianos, más de la mitad de la población, enfrentarán hambre aguda. De ellos, casi 1.9 millones vivirán en condiciones de emergencia.
El estudio atribuye las ligeras mejoras recientes a la disminución de la inflación de 32% a 22%, un invierno favorable para los cultivos y una mejoría en el acceso por carretera. Sin embargo, alerta que esos avances “son insuficientes” para revertir la situación de inseguridad alimentaria. “El estallido del conflicto en Oriente Medio y el bloqueo del estrecho de Ormuz han provocado una gran perturbación en el sistema alimentario mundial con implicaciones directas para Haití”, cita el informe.
La violencia de las pandillas, el desplazamiento de más de 1.4 millones de personas y la falta de empleo agravan el panorama. Según el documento, 70% de quienes viven en refugios para desplazados sufren altos niveles de inseguridad alimentaria. En zonas como Artibonite, en el noroeste, los ataques de grupos armados han destruido comunidades y tierras de cultivo.
A principios de abril, el gobierno de Haití aumentó el precio del queroseno en 40%, el diésel en 37% y la gasolina en 29%. Se advierte que estos incrementos encarecerán el transporte y los alimentos, profundizando el hambre.
“Combatir el hambre es esencial para restablecer la estabilidad en Haití. No podemos construir la paz si las familias no pueden alimentar a sus hijos”, enfatizó Wanja Kaaria, directora y representante del Programa Mundial de Alimentos en Haití.
En refugios improvisados, haitianos como Feguens Jean, de 25 años, cuentan cómo sobreviven con lo mínimo. “Si no vendo, no como”, dijo, tras explicar que el mal tiempo le impide vender las zapatillas usadas que sustentan a su familia. Antony Joassainte, albañil y plomero, afirmó que “nadie construye nada” y que apenas logra alimentar a sus hijos con pan y, ocasionalmente, arroz y frijoles.
Bernadette Toussaint, madre de dos, relató que el alza del petróleo la ha obligado a reducir las comidas en su hogar. “No puedo darles a mis hijos lo que antes les daba”, lamentó.
Las organizaciones humanitarias insisten en que se necesita asistencia urgente y reconstrucción de los sistemas alimentarios locales para evitar que la crisis se agrave aún más.




