Ginebra — Estados Unidos anunció un compromiso de $2,000 millones para la ayuda humanitaria de la ONU, mientras la administración del presidente Donald Trump continúa reduciendo la asistencia exterior y advierte a las agencias de Naciones Unidas que “se adapten, se reduzcan o mueran” ante nuevas realidades financieras.
Aunque la suma es apenas una fracción de los $17,000 millones que EE.UU. suele aportar anualmente, el gobierno considera que mantiene su papel como mayor donante humanitario del mundo. Los fondos se distribuirán desde un nuevo fondo paraguas entre distintas agencias y prioridades, en línea con la exigencia estadounidense de cambios estructurales dentro del organismo internacional.
El acuerdo preliminar se estableció con la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), dirigida por Tom Fletcher, exdiplomático británico. La iniciativa se produce en medio de una crisis de financiamiento que afecta a varias agencias de la ONU, como ACNUR, la OIM y el Programa Mundial de Alimentos, tras los recortes de ayuda exterior estadounidense y la disminución de aportaciones de otros países occidentales.
El Departamento de Estado explicó que las agencias deberán reducir la burocracia y la duplicación de funciones, buscando una gestión “más eficiente y alineada con la política exterior de Estados Unidos”. Según un alto funcionario, Fletcher y su oficina “controlarán la espita” de la distribución de fondos.
El embajador estadounidense ante la ONU, Michael Waltz, sostuvo que el llamado “reajuste humanitario” permitirá ofrecer “más ayuda con menos dinero de los contribuyentes”, centrando los recursos en resultados concretos. La medida busca consolidar la autoridad de liderazgo dentro del sistema de ayuda para canalizar mejor los recursos.
Inicialmente, los fondos se destinarán a 17 países, incluidos Bangladesh, Congo, Haití, Siria y Ucrania. Afganistán y los territorios palestinos quedaron fuera del plan, según funcionarios, porque sus necesidades se atenderían mediante el plan de paz de Trump para Gaza, aún en desarrollo.
El Departamento de Estado añadió que el proyecto equilibra el deseo de mantener a EE.UU. como “la nación más generosa del mundo” con la necesidad de reformar la gestión y supervisión de los esfuerzos humanitarios. Para la administración Trump, la ONU sigue siendo un organismo prometedor, pero desviado de su mandato original y afectado por el despilfarro.
“El acuerdo de hoy es un paso crítico”, dijo un comunicado del Departamento, mientras Fletcher afirmó que “Estados Unidos está demostrando que es una superpotencia humanitaria, ofreciendo esperanza a quienes lo han perdido todo”.




