Washington – Estados Unidos intensificó la presión sobre Cuba, gobernada por el Partido Comunista, tras la captura del presidente Nicolás Maduro en una operación militar en Venezuela. En este contexto, el Departamento de Justicia se preparaba para solicitar la imputación del exdirigente cubano Raúl Castro, una medida que podría agravar las tensiones con La Habana.
Las relaciones bilaterales se tensaron al tiempo que la administración del presidente Donald Trump mantenía un alto el fuego con Irán. A lo largo del año se sucedieron varios episodios clave:
El 4 de enero, el secretario de Estado, Marco Rubio, advirtió que el gobierno de Cuba estaba “en muchos problemas”, mientras el presidente reiteraba su interés por Groenlandia. Días más tarde, el 11 de enero, Trump amenazó con medidas si Cuba no llegaba a un acuerdo. “Hagan un trato ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE”, escribió. El presidente cubano Miguel Díaz-Canel respondió acusando a Washington de no tener autoridad moral para juzgar a su país.
El 30 de enero, Trump firmó una orden ejecutiva imponiendo aranceles a naciones que suministraran petróleo a Cuba. Luego, el 27 de febrero, anunció que mantenía conversaciones con La Habana y habló de una posible “toma amistosa”, sin mayores detalles. En febrero, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, se reunió en secreto con Rubio durante una cumbre caribeña.
El 13 de marzo, Díaz-Canel confirmó por primera vez los contactos bilaterales y expresó su deseo de resolver diferencias mediante el diálogo. El 31 de marzo atracó en Cuba un petrolero ruso sancionado, reanudando el suministro de combustible tras tres meses.
Durante abril, Díaz-Canel insistió en que no renunciaría y rechazó cualquier intento de intervención militar estadounidense. En el programa “Meet the Press” de NBC, afirmó que una invasión sería costosa y pondría en riesgo la seguridad regional. El 16 de abril, frente a una multitud, conmemoró el aniversario 65 de la proclamación socialista de la Revolución y advirtió sobre posibles agresiones.
El 17 de abril se conoció la reunión de una delegación estadounidense con funcionarios cubanos, incluido Rodríguez Castro. Fuentes diplomáticas confirmaron varios encuentros pero evitaron revelar nombres. Días después, el 23 de abril, el embajador cubano ante la ONU, Ernesto Soberón Guzmán, afirmó que La Habana no aceptaría “ultimátums” sobre los presos políticos.
El 28 de abril, los republicanos del Senado bloquearon una propuesta demócrata para exigir que Trump obtuviera aprobación del Congreso antes de continuar el bloqueo energético contra Cuba. Pese a las amenazas, el 7 de mayo, funcionarios estadounidenses negaron planes inminentes de acción militar, aunque reconocieron ofertas de ayuda económica y tecnológica condicionadas.
El 14 de mayo, el director de la CIA, John Ratcliffe, visitó La Habana y sostuvo reuniones con altos funcionarios cubanos, incluido Rodríguez Castro, para discutir temas de inteligencia y estabilidad económica. Un día después, fuentes del Departamento de Justicia confirmaron que se preparaba una acusación contra Raúl Castro por su presunto papel en el derribo de aviones del grupo Hermanos al Rescate en 1996.
El año cerró con los contactos diplomáticos en suspenso y la relación entre ambos países marcada por nuevas amenazas, denuncias y un intento incierto de acercamiento. La historia, traducida del inglés al español y revisada por editores, deja constancia del clima de tensión entre Washington y La Habana durante ese periodo.




