California apuesta al hidrógeno para reducir emisiones, pero surgen preocupaciones

Un plan piloto en Orange Cove busca mezclar hidrógeno con gas natural, pero vecinos temen riesgos para la salud y falta de transparencia.
Los defensores aseguran que ayudará al estado a reducir sus emisiones que calientan el planeta

Alma Figueroa, residente de Orange Cove en el Valle Central de California, se enteró de que su compañía de gas planea probar una tecnología que mezcla hidrógeno con gas natural para uso doméstico. Figueroa, que padece asma y cáncer de pulmón, teme ser parte de un experimento que pueda afectar su salud. “No quiero ser experimento de nadie”, expresó.

La Comisión de Servicios Públicos de California instruyó a Southern California Gas Co. (SoCalGas) y otras empresas a desarrollar proyectos que inyecten hidrógeno en la red de gas. Los defensores dicen que la medida ayudaría a reducir emisiones y avanzar hacia una matriz energética más limpia. Sin embargo, residentes de Orange Cove —una comunidad agrícola de mayoría latina y bajos ingresos— denuncian que el proceso se realiza sin transparencia ni su participación.

El interés estatal en el hidrógeno comenzó bajo el presidente Joe Biden, pero perdió impulso bajo la administración de Donald Trump, que recortó fondos a proyectos de energía limpia. En California, cinco proyectos buscan probar mezclas de hidrógeno en tuberías. SoCalGas propone en Orange Cove un plan de 18 meses, financiado con 64.3 millones de dólares provenientes de sus clientes, que incluiría una planta solar para generar hasta un 5% de hidrógeno en la mezcla distribuida a unos 10,000 habitantes.

El hidrógeno verde se produce con energía renovable y no emite carbono. Para el gobernador Gavin Newsom, representa “un aspecto esencial del futuro energético del estado”. Expertos como Janice Lin, de Green Hydrogen Coalition, aseguran que su implementación podría reducir la dependencia del gas y las emisiones industriales. No obstante, investigadoras como Alejandra Hormaza, de la Universidad Politécnica Estatal de California, advierten que aún se necesitan más estudios sobre su seguridad.

Orange Cove fue elegida porque su sistema de tuberías facilita el control del flujo del gas. Su alcaldesa, Diana Guerra Silva, aseguró que el proyecto generará empleos y promoverá el turismo. Sin embargo, otros vecinos sostienen que, como comunidad pobre y vulnerable, sus preocupaciones han sido ignoradas.

Investigaciones indican que quemar mezclas de hidrógeno en aparatos antiguos puede aumentar emisiones de óxidos de nitrógeno y riesgos de fugas y explosiones. Ryan Sinclair, microbiólogo ambiental de la Universidad de Loma Linda, advirtió que una mezcla del 5% puede elevar estas emisiones en un 8%, un problema serio en hogares de bajos ingresos sin recursos para actualizar sus equipos.

Organizaciones ambientales cuestionan el uso del hidrógeno en viviendas y piden reservarlo para industrias difíciles de electrificar, como la del acero o el cemento. Michael Claiborne, del Leadership Counsel for Justice and Accountability, calificó el proyecto como “un desperdicio de dinero” que expone a los residentes a riesgos innecesarios.

SoCalGas asegura que tomará medidas de seguridad, desde inspecciones hasta planes de emergencia. Pero para muchos en Orange Cove, como el joven de 17 años Francisco González, el problema de fondo es la exclusión: “No estamos en contra de las energías limpias, pero sí de que nos dejen fuera de la conversación”.

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