DANVILLE, California — A sus 106 años, Alice Darrow recuerda los días en que, durante la Segunda Guerra Mundial, esquivaba balas cargando mochilas con suministros médicos y atendía a soldados heridos entre el caos del frente. Algunas de sus compañeras murieron bajo fuego enemigo o pasaron años como prisioneras de guerra; la mayoría regresó a casa sin reconocimiento.
Ochenta años después, una coalición de enfermeras militares retiradas impulsa que el Congreso de Estados Unidos conceda la Medalla de Oro del Congreso a todas las que sirvieron en aquel conflicto. Otras organizaciones, como las Mujeres Pilotos del Ejército o las Rosie the Riveters, ya han recibido este honor.
“Creo que el público no aprecia del todo la magnitud de la contribución de las enfermeras en casi todas las guerras”, expresó Patricia Upah, coronel retirada del Ejército. Su madre también sirvió como enfermera en el Pacífico Sur durante la Segunda Guerra Mundial.
La senadora demócrata Tammy Baldwin y la congresista republicana Elise Stefanik encabezan los proyectos de ley que buscan otorgar la medalla. Sin embargo, aún carecen de suficientes copatrocinadores: necesitan dos tercios de apoyo en ambas cámaras, pero solo cuentan con ocho en el Senado y seis en la Cámara de Representantes.
Se calcula que al finalizar la guerra había 59,000 enfermeras en el Ejército y 14,000 en la Marina, cifras que contrastan con las escasas cientos que había antes del conflicto. Muchas enfrentaron el peligro directamente; algunas desembarcaron bajo fuego enemigo en el norte de África o atendieron heridos en barcos atacados. Según datos oficiales, menos del 4% de los soldados estadounidenses que recibieron atención médica en el frente murieron por heridas o enfermedades.
Las enfermeras también rompieron barreras raciales. En 1941 solo 56 mujeres negras fueron admitidas en el Ejército, y las estadounidenses de origen japonés no pudieron incorporarse sino hasta 1943. Una de ellas, Elsie Chin Yuen Seetoo, se convirtió en la primera enfermera chino-estadounidense del Cuerpo de Enfermeras del Ejército tras insistir en su ciudadanía. Hoy, con 107 años, Seetoo es una de las cinco enfermeras veteranas de esa guerra que aún viven.
La historia de Darrow también guarda un toque personal. Durante la guerra conoció al soldado Dean Darrow, herido gravemente en el corazón tras el ataque a Pearl Harbor. Le prometió que saldría con él si sobrevivía. Así fue: se casaron, criaron cuatro hijos y conservaron la bala extraída como símbolo de amor. En 2024, Darrow donó la bala al Monumento Nacional de Pearl Harbor para que su historia viajara por generaciones.
Mientras espera que prospere la iniciativa de la Medalla de Oro, Darrow sonríe al recordar su vida de servicio. “Sería un honor”, dice suavemente.




