Eduvirgen Zamora, empleada de una cafetería en Cuba, evita mostrar sus manos. Las uñas mordidas contrastan con los pulgares decorados con esmalte plateado: un recordatorio de tiempos más estables. Con 56 años, ha debido dejar de hacerse las uñas por falta de dinero y escoge tratamientos más económicos, como las pestañas, para mantener algo de su arreglo personal.
La escasez de agua, electricidad y recursos, agravada por el bloqueo energético de Estados Unidos, ha profundizado la pobreza en la isla. La situación también ha impactado la vida cotidiana, desde la belleza hasta la higiene y el transporte. “A la mujer cubana le gusta andar bonita… No puedo estar como me gustaría”, comentó Zamora.
Melina Colás, manicurista de La Habana, reconoce esa realidad. Tras hacerse trenzas para su cumpleaños, descubrió que mantenerlas era un lujo con el agua racionada. Decidió cortarse el cabello y dejarlo natural. En su salón, improvisa con una mezcla de agua y vinagre para limpiar manos y herramientas, al tiempo que los clientes llegan tarde por la falta de transporte.
El estilista Betty Ramírez Aldana, de 50 años, también ha visto caer la clientela. “He perdido muchos clientes”, lamentó. Su peluquería pasó semanas sin agua y ya no ofrece tratamientos de alisado. Ahora promueve cortes naturales y atiende a domicilio cuando puede, para aprovechar los pocos recursos de sus clientes.
La crisis energética afecta más que la estética. Antonia Isalgués Barrién, de 60 años, trabaja en una empresa estatal de transporte marítimo y confiesa que a veces debe volver a usar la misma ropa por falta de agua para lavarla. “Nunca me había visto en la obligación de tender la ropa para que coja aire y volvérmela a poner”, contó. La escasez de gasolina ha cerrado gasolineras y reducido los autobuses, mientras un único cargamento ruso de 730,000 barriles apenas alcanzará para unos días.
Iván de los Ángeles Arias, piloto de embarcación, deja su carro en casa y usa el barco para desplazarse. “Esa es la realidad que nos toca vivir. Uno lo asume lo mejor que puede”, expresó.
Mientras tanto, diplomáticos de Estados Unidos viajaron a Cuba por primera vez desde 2016 para reunirse con funcionarios del gobierno. La delegación cubana reiteró su exigencia de levantar el embargo energético, al considerarlo un acto de “coerción económica” y “castigo injustificado”.
El presidente Donald Trump amenazó con sanciones a los países que provean petróleo a la isla, que solo produce el 40% del combustible que necesita. Washington, por su parte, condiciona el levantamiento de las sanciones al fin de la represión política, la liberación de presos y una apertura económica. Sin embargo, Arias opina que las negociaciones no cambiarán nada: “No tengo ninguna esperanza. Eso no significa nada si las condiciones de vida siguen siendo las mismas”.




