Agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) llegaron la mañana del lunes al área de seguridad del Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín (AILMM) en Carolina, donde se registraban extensas filas.
Imágenes difundidas por la agencia mostraban a oficiales federales con distintivos de distintas ramas del ICE. Algunos portaban insignias de la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI, en inglés), mientras que otros lucían las siglas “ERO”, que identifican a la unidad de “Enforcement and Removal Operations”, encargada de procesar deportaciones de personas con estatus migratorio no definido.
Los agentes fueron vistos en la zona donde los pasajeros esperan para ser verificados por personal de la Administración de Seguridad del Transporte (TSA, por sus siglas en inglés), antes de ingresar a los aviones.
Las largas filas responden a la reducción de empleados de TSA, quienes llevan un mes sin recibir pago a causa del cierre parcial del gobierno federal. El tranque en el Congreso sobre los fondos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ha afectado a esos trabajadores, aunque no a ICE, cuyos recursos ya estaban asignados.
En el AILMM, la decena de agentes de ICE se limitó a orientar a los pasajeros, sin quedar claro cómo su presencia aliviaría la falta de oficiales de TSA.
La administración del presidente estadounidense Donald Trump anunció el domingo que los agentes de ICE colaborarían verificando documentos de identificación y vigilando accesos para liberar personal de TSA y agilizar el flujo de viajeros.
“No veo a un agente del ICE mirando una máquina de rayos X, porque no estamos capacitados para eso”, expresó Tom Homan, zar de inmigración de la Casa Blanca, en declaraciones difundidas por The Associated Press. Agregó que esperaba tener “un plan para el final del día” sobre el despliegue y los aeropuertos donde comenzarían las labores.
Sin embargo, Everett Kelley, presidente de la Federación Estadounidense de Empleados Gubernamentales, que representa a más de 50,000 empleados de TSA, criticó el plan del presidente Trump. “Nuestros miembros de la TSA han estado trabajando todos los días, sin cobrar, porque creen en la misión de mantener seguros a los pasajeros”, dijo Kelley. “Merecen que se les pague, no que los reemplacen agentes armados sin capacitación que han demostrado lo peligrosos que pueden ser”.




