Irán combina amenazas y diplomacia para disuadir a Estados Unidos

Teherán busca evitar una intervención estadounidense tras contener las protestas internas.
El ministro de Exteriores reiteró que una acción estadounidense en suelo iraní podría llevar a Oriente Medio al caos

Con las protestas internas ya sofocadas, Irán intenta frenar una posible intervención de Estados Unidos mediante una estrategia que mezcla la amenaza de caos regional con mensajes diplomáticos de apertura al diálogo, tras los recientes avisos del presidente estadounidense Donald Trump.

El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, ha intensificado los contactos con sus homólogos internacionales advirtiendo que cualquier acción militar de Washington en su territorio podría desatar el desorden en Oriente Medio. En una conversación con el canciller chino Wang Yi, reiteró que una intervención de Estados Unidos “podría crear inestabilidad y caos en la región”, según reportó la agencia estatal IRNA. A su par saudí, Faisal bin Farhan, le aseguró que Irán responderá a las amenazas externas con “fuerza”.

El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, transmitió un mensaje similar a Gabriel Lüchinger, consejero de Seguridad Nacional de Suiza, país que representa los intereses de Estados Unidos en Teherán. “Teherán no permanecerá pasivo ante las amenazas de Washington”, declaró Larijani a través de esa comunicación, de acuerdo con IRNA.

En tono más conciliador, Araqchí afirmó en una entrevista con la cadena Fox que Irán “siempre ha buscado negociar” y añadió que “la diplomacia es mejor que la guerra”. Sus palabras reflejan un intento por distender la relación bilateral tras un año marcado por múltiples choques.

Irán aún resiente las consecuencias de la guerra de junio, en la que Israel bombardeó durante 12 días instalaciones militares, nucleares y civiles iraníes, causando la muerte de unos 30 altos cargos del país. Estados Unidos también participó en esos ataques contra las principales plantas nucleares iraníes.

Las protestas iniciadas el 28 de diciembre elevaron la tensión con Washington. En ese momento, Trump advirtió a Teherán que no reprimiera a los manifestantes, cuando se habían contado siete muertos. Según organizaciones opositoras, la cifra supera ya los 3,400 fallecidos, aunque Estados Unidos no ha tomado acción directa.

Posteriormente, el presidente estadounidense trazó una “línea roja” al advertir contra la ejecución de manifestantes y prometió que “va ayuda en camino”, sin explicar en qué consistiría. La ambigüedad ha generado desconcierto dentro del régimen iraní.

Por su parte, la República Islámica acusa a mercenarios vinculados a Estados Unidos e Israel de fomentar la violencia en unas protestas que, según su versión, fueron pacíficas hasta el 8 de enero. Entretanto, la conexión al internet global permanece cortada por octavo día consecutivo, y aunque las llamadas internacionales fueron restablecidas parcialmente, el país intenta proyectar una imagen de normalidad luego de cuatro días sin nuevos disturbios.

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