Las autoridades de salud de Carolina del Sur confirmaron 124 nuevos casos de sarampión desde el viernes, en medio de un brote que se expande rápidamente en la región noroeste del estado tras las celebraciones navideñas. Hasta el martes, se habían contabilizado 434 infecciones, la mayoría concentradas en el condado de Spartanburg.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el año pasado fue el peor en propagación del sarampión en Estados Unidos desde 1991, con 2,144 casos en 44 estados y tres muertes, ninguna de personas vacunadas. El virus, altamente contagioso, se transmite por el aire y puede prevenirse con la vacuna triple (sarampión, paperas y rubéola), cuya efectividad es del 97% tras dos dosis.
El brote en Carolina del Sur ha llevado a que cientos de niños sean puestos en cuarentena por exposición en escuelas. También se reportó que una persona contagiada estuvo en el Museo Estatal de Carolina del Sur en Columbia, aumentando el riesgo de nuevos contagios. De continuar a este ritmo, el número de casos podría igualar el del brote de Texas el año pasado, donde se reportaron 762 contagios y la muerte de dos menores.
En paralelo, un segundo brote afecta la zona fronteriza entre Arizona y Utah, donde 418 personas han sido infectadas desde agosto. Las autoridades de Arizona sumaron nueve nuevos casos esta semana —para un total de 217 en el condado de Mohave— y en Utah se confirmaron dos nuevos, alcanzando 201. Aunque los casos parecen estabilizarse, las autoridades advierten que el brote aún no ha sido controlado.
Nicole Witt, del Departamento de Servicios de Salud de Arizona, explicó que los contagios descendieron tras las fiestas pero han vuelto a repuntar ligeramente. “Esperamos ver el fin de este brote pronto, pero, por ahora, seguimos viendo pequeños aumentos semana tras semana”, dijo.
El sarampión, que se consideraba eliminado de Estados Unidos desde el año 2000, podría volver a establecerse debido a la disminución en las tasas de vacunación infantil. Esta tendencia se ha agravado desde la pandemia, impulsada por un auge en las solicitudes de exenciones religiosas o personales. Los expertos insisten en que mantener una cobertura de vacunación superior al 95% es clave para lograr la llamada “inmunidad de grupo” y frenar nuevos brotes.




