La captura de Maduro sacude a América Latina y refuerza la influencia de Trump

La detención de Nicolás Maduro por EE.UU. desata apoyos y condenas en un continente dividido.
La nueva y agresiva política latinoamericana de Trump enfatiza que Estados Unidos debe dominar su esfera de influencia

Ciudad de México – La captura del líder venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, celebrada por el presidente Donald Trump, ha provocado una profunda división política en América Latina. Durante una conferencia en Washington, Trump afirmó que “el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado”, tras mostrar a Maduro bajo custodia de la Agencia Antidrogas (DEA) en Nueva York.

El mandatario estadounidense presentó el hecho como una victoria de su llamada “Doctrina Donroe”, inspirada en la política del siglo XIX que buscaba reafirmar la hegemonía de Washington en la región. Desde su llegada al poder, Trump ha reforzado la presión sobre gobiernos latinoamericanos mediante sanciones, bloqueos navales y la imposición de aranceles, con el objetivo de frenar la inmigración, combatir el narcotráfico y limitar la influencia de China y Rusia.

La captura de Maduro generó reacciones opuestas. El presidente argentino Javier Milei celebró el suceso y describió la división continental como una lucha entre defensores de “la libertad y la propiedad” frente a “cómplices de una dictadura narcoterrorista”. En Ecuador, Daniel Noboa advirtió a los seguidores del chavismo que su “estructura se derrumbará por completo”. En Chile, el presidente electo José Antonio Kast calificó la redada como una “gran noticia para la región”.

Del otro lado, los mandatarios de izquierda —Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Claudia Sheinbaum en México, Gabriel Boric en Chile y Gustavo Petro en Colombia— manifestaron su rechazo. Lula alertó de un “precedente extremadamente peligroso”; Sheinbaum consideró que “pone en peligro la estabilidad regional”; Boric denunció una violación del derecho internacional, y Petro lo llamó una “agresión contra la soberanía de América Latina”.

Lula comparó la operación con los episodios más oscuros del intervencionismo estadounidense en el continente, desde las ocupaciones militares del siglo XX hasta el apoyo a dictaduras durante la Guerra Fría. Las críticas evocaron recuerdos de una larga historia de injerencias en la región.

Mientras tanto, algunos aliados de Trump adoptaron posiciones más cautelosas. El presidente salvadoreño Nayib Bukele, habitual defensor del mandatario estadounidense, se limitó a publicar un meme sobre Maduro sin declararse abiertamente. En Bolivia, Rodrigo Paz justificó la captura como reflejo de “la voluntad popular venezolana”, aunque horas después Trump anunció que trabajaría con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, aliada de Maduro, lo que generó confusión internacional.

La ofensiva de Trump forma parte de una estrategia más amplia para alinear a gobiernos afines en el hemisferio. Analistas como Alexander Gray, del Atlantic Council, explican que la Casa Blanca busca aliados ideológicamente cercanos para fortalecer su bloque. Los adversarios, en cambio, han sido blanco de advertencias: el presidente estadounidense anticipó la posible caída del régimen en Cuba, criticó el manejo del narcotráfico en México y lanzó ataques personales contra Gustavo Petro.

“Estamos en el negocio de tener países alrededor que sean viables y exitosos”, dijo Trump a la prensa a bordo del Air Force One. “Es nuestro hemisferio”.

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