Al iniciar el 2026, Puerto Rico se enfrenta a los mismos retos que arrastra desde hace años: la urgencia de reconstruir su infraestructura en todos los niveles. El deterioro de los sistemas esenciales, desde carreteras hasta servicios básicos, refleja una falta de cimientos sólidos que afecta directamente la calidad de vida de sus ciudadanos.
La situación va más allá del aspecto físico. También implica la necesidad de atender los pilares sociales y económicos que sostienen al país. La falta de inversión en estructuras resilientes, educación y desarrollo económico amenaza con profundizar las desigualdades y limitar el progreso.
El nuevo año plantea, así, un llamado impostergable a repensar cómo Puerto Rico reconstruye su base, con una visión que integre sostenibilidad, equidad y eficiencia para garantizar un futuro más estable y próspero.




