La agricultura del futuro: plantas que respiran nitrógeno y tomates resistentes a la sal

Científicos del CBGP desarrollan cultivos más sostenibles y adaptados al cambio climático.
El Centro de Biotecnología y Genómica investiga los procesos de crecimiento, interacción y adaptación de las plantas

Madrid – En menos de tres décadas, la humanidad deberá alimentar a 9,700 millones de personas en un planeta más cálido, seco y con un clima extremo. Ante este desafío, científicos del Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas (CBGP) trabajan para desarrollar cultivos que soporten esas nuevas condiciones.

El año pasado fue el más caluroso de la historia y en Europa murieron 62,775 personas por el calor, según un estudio de Nature Medicine. España fue el segundo país más afectado. En este contexto, el CBGP estudia cómo las plantas se adaptan a temperaturas más altas, sequías e incrementos en la salinidad de los suelos. “Buscamos soluciones a problemas importantes para la sociedad, como paliar los efectos del cambio climático o producir plantas con más valor nutricional”, explicó a EFE la investigadora Mar Castellano.

El equipo ya logró crear tomates capaces de resistir la salinidad y ha solicitado la patente europea. Pretenden aplicar la misma tecnología en otras especies sensibles, como guisantes, maíz, judías o fresas, e incluso en brásicas (col, repollo, brócoli). Sin embargo, son conscientes de que algunas proteínas de defensa también pueden estar relacionadas con alérgenos alimentarios. Por ello, el grupo que lidera Araceli Díaz evalúa rigurosamente cada proteína. “Es esencial entender qué las convierte en alérgenos para asegurar la seguridad alimentaria y un desarrollo biotecnológico responsable”, subrayó Díaz.

Otro proyecto, liderado por Luis Rubio y financiado por la Fundación Gates, busca modificar genéticamente cereales para que puedan “respirar” nitrógeno del aire. Solo algunas bacterias poseen la enzima nitrogenasa que permite este proceso. “Transferimos los genes de bacterias fijadoras de nitrógeno a plantas para que metabolizen este elemento, reduciendo drásticamente la necesidad de fertilizantes químicos”, explicó Rubio.

El investigador Carlos Echavarri, miembro del equipo y profesor de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), destacó que una reducción significativa del uso de fertilizantes haría la agricultura más sostenible y disminuiría su huella de carbono. “Nuestro objetivo es desarrollar cereales que se autofertilicen, como arroz, trigo o maíz. Sabemos que es un reto que puede requerir décadas”, reconoció.

El CBGP cuenta con unas instalaciones de 1,900 metros cuadrados, incluyendo un invernadero de 1,200 m² con sistemas de climatización e iluminación avanzados. Allí, los investigadores pueden controlar temperaturas entre 10 y 45 °C mediante un sistema automatizado que analiza el crecimiento y estrés de las plantas. Además, utilizan ‘rizotrones’, estructuras transparentes que permiten observar el desarrollo de las raíces.

Estas instalaciones están abiertas a proyectos de instituciones públicas y privadas que busquen respuestas innovadoras para los desafíos alimentarios del futuro.

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