Puerto Rico, centro estratégico de espionaje durante la Segunda Guerra Mundial

Durante la Segunda Guerra Mundial, la isla sirvió como punto clave para operaciones de espionaje y contraespionaje.
La visita a Puerto Rico, en enero de 1938, de un navío científico operado por militares del régimen nazi alertó a los militares estadounidenses

Las crecientes tensiones entre Estados Unidos y Venezuela en el mar Caribe han devuelto a Puerto Rico a la atención internacional como territorio clave en la geopolítica regional. Sin embargo, no es la primera vez que la isla ocupa un rol estratégico: durante la Segunda Guerra Mundial, fue escenario de intensas actividades de espionaje y contraespionaje.

Tras la invasión de Polonia por Alemania en 1939, los submarinos nazis comenzaron a atacar rutas comerciales en el Atlántico, extendiendo la guerra al Caribe. Ese mismo año, The New York Times informó sobre submarinos alemanes con rumbo a la región. En ese contexto, Puerto Rico se convirtió en un punto neurálgico para Estados Unidos.

El doctor Gerardo M. Piñero Cádiz, profesor de Historia de la Universidad de Puerto Rico en Humacao, detalla en su ensayo “Espionaje y contraespionaje en Puerto Rico durante la Segunda Guerra Mundial” que Washington envió al capitán retirado Edgar K. Thompson, exagente del FBI, para coordinar la vigilancia contra espías desde San Juan. Se controlaban posibles transmisiones clandestinas y se monitoreaban las actividades de extranjeros en la isla.

La Policía Insular también vigilaba a ciudadanos alemanes e italianos, por la afinidad de Benito Mussolini con el régimen nazi. Estas acciones respondían a la política de seguridad impulsada por el presidente Franklin D. Roosevelt, quien advirtió sobre “espías, saboteadores y traidores” como nuevas amenazas a la seguridad nacional.

En 1942, el FBI capturó en Nueva York a seis espías nazis con información sobre las defensas militares en Hawái y Puerto Rico. La Oficina Naval de Inteligencia estableció entonces un sistema de censura de telecomunicaciones, extendido a la prensa y a las estaciones radiales locales. La Oficina para la Censura operaba desde el Edificio Ochoa, en el Viejo San Juan, y contaba con personal militar y civil.

La deportación y detención de ciudadanos alemanes en la isla fue otra consecuencia del conflicto. Para diciembre de 1941, once fueron clasificados como extranjeros peligrosos y confinados.

Uno de los episodios más curiosos ocurrió en enero de 1938, cuando el buque científico alemán “Meteor” visitó San Juan. Presentado como nave de investigación, su tripulación fue recibida con honores por autoridades locales y la colonia española. Según reseñas de la época, los visitantes elogiaron la bahía y observaron maniobras militares aéreas sobre la ciudad. Algunos historiadores señalan que esta visita evidenció la presencia de intereses nazis en el Caribe.

El profesor Piñero Cádiz concluye que las tácticas de control aplicadas contra ciudadanos de naciones enemigas serían luego reutilizadas contra los nacionalistas puertorriqueños. Las agencias federales y la Policía Insular perfeccionaron así sus métodos de censura y espionaje, que culminaron en la legislación de 1948, conocida como la Ley de la Mordaza.

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