Mientras los médicos de Estados Unidos defienden la ciencia detrás de las vacunas, la administración Donald Trump sostiene posiciones que han generado fricción con los principales grupos médicos. La tensión aumentó luego que un comité asesor designado por el secretario de Sanidad, Robert F. Kennedy Jr., recomendara suspender la vacunación sistemática de recién nacidos contra la hepatitis B, un virus capaz de provocar insuficiencia hepática o cáncer de hígado.
La Academia Americana de Pediatría (AAP) y otras asociaciones médicas reafirmaron su compromiso con la vacuna, que ha reducido drásticamente las infecciones infantiles y ha sido administrada de manera segura a millones de niños. “Debemos ofrecer mensajes basados en pruebas, no en imperativos políticos”, declaró el doctor Ronald Nahass, presidente de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos.
El Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP) evalúa cambios en el calendario de vacunación infantil, cuestionando ingredientes y número de dosis. Ante ello, la AAP y varios departamentos de salud estatales publicaron sus propias directrices, similares a las federales previas a 2025.
Los médicos expresan preocupación ante modificaciones impulsadas sin nuevos datos científicos. El departamento de salud de Kennedy cambió contenidos en la web de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), contradiciendo conclusiones sobre la seguridad de las vacunas y su falta de vínculo con el autismo. También se analizan restricciones futuras a las vacunas contra el COVID-19 y la gripe.
“El ACIP fue durante décadas el patrón oro”, señaló el doctor Jake Scott, de la Universidad de Stanford, al criticar la exclusión de científicos de los CDC en las recientes reuniones del panel, donde intervinieron personas sin experiencia médica. Jason Schwartz, de la Universidad de Yale, calificó de inédita la presentación de un abogado sin formación sanitaria que promovió estudios desacreditados sobre los daños de las vacunas.
La doctora Kelly Gebo, de la Universidad George Washington, insistió en que no existen datos nuevos que justifiquen alterar la vacunación infantil. Los expertos advierten que el abandono del consenso científico erosiona la confianza pública. “Los padres seguirán confiando en sus pediatras, pero los mensajes contradictorios dañan la credibilidad”, añadió Scott.
Por su parte, funcionarios de salud de la administración Trump afirman que buscan devolver la elección a los padres y evitar mandatos obligatorios. No obstante, la AAP recuerda que la decisión final siempre se toma junto con el médico, según la situación de cada familia.
“Los padres necesitan orientación clara basada en evidencia”, dijo el doctor Aaron Milstone, mientras que la doctora Sarah Nosal, de la Academia Americana de Médicos de Familia, instó a mantener un diálogo abierto: “Hagan sus preguntas, traigan sus preocupaciones y hablemos de ellas”.




