La mirada de Luz Nereida Rosa, de 58 años, reflejaba una emoción profunda, similar a la de un niño al recibir su regalo más esperado en Navidad. Pero lo que ella sostenía no era un juguete, sino un documento que marcaba el inicio de una nueva etapa: la recuperación de su libertad plena, interrumpida hace 17 años por una convicción que cambió su vida. Durante casi dos décadas, Rosa enfrentó el peso de la discriminación por su historial penal. “Me cerraron muchas puertas”, expresó, al relatar cómo su récord se convirtió en un obstáculo constante para conseguir empleo y estabilidad. Su historia simboliza la realidad de cientos de personas que, tras cumplir su sentencia, deben superar el estigma social y legal que limita sus oportunidades. Hoy, Luz Nereida lucha por reconstruir su vida y ser un ejemplo de resiliencia. Con la mirada puesta en el futuro, espera que su experiencia sirva para promover segundas oportunidades y acabar con el discrimen hacia las personas con pasado judicial.




