Hace cuatro décadas, cinco mujeres en Santurce se propusieron atender una necesidad urgente: alimentar a las personas sin hogar. Lo que comenzó como la entrega de una sopa cada sábado se convirtió en una misión diaria que dio origen a La Fondita de Jesús, organización que hoy sigue sirviendo comida, ofreciendo servicios y promoviendo la dignidad de cientos de personas.
Este miércoles, unas 250 personas sin hogar disfrutaron de un plato típico de arroz con gandules, pavo, ensalada de coditos y pan, durante el almuerzo de Acción de Gracias que la entidad celebra cada año. El ambiente estuvo marcado por música boricua, juegos, regalos y actividades religiosas, además de la presencia de la Unidad Móvil para ofrecer servicios de salud.
Margarita Santiago Andújar, de 46 años, quien vivió más de una década en las calles de San Juan, asistió para agradecer. “No estuviera aquí si no fuera por La Fondita de Jesús. Sabrá Dios dónde estuviera yo ahora mismo. Les doy gracias por eso”, expresó emocionada antes de iniciar su primer día de trabajo.
Desde su fundación, La Fondita ha ampliado sus servicios más allá de la alimentación. Ofrece duchas, ropa, recreación, transporte, atención médica, servicios psicosociales y vivienda segura y asequible. También impulsa la organización comunitaria, la capacitación laboral y la asistencia en casos de desastres.
“Entre ellas cinco comenzaron a hacerles frente a todos los sistemas en la isla. Muchos les ayudaron, pero otros dieron la espalda porque era una población invisibilizada. No había una noción humanista hacia el sinhogarismo”, recordó Edwin Otero Cuevas, director de Desarrollo y Planificación Programática. Actualmente, la organización cuenta con 46 empleados y más de 90 voluntarios activos, muchos de ellos personas que antes fueron participantes.
Uno de los voluntarios más constantes es Héctor Jaime Padró Abreu, jubilado de la Universidad de Puerto Rico en Bayamón, quien lleva siete años empacando almuerzos tres veces por semana. “Aquí somos familia. Estamos codo con codo, hablamos y lo pasamos bien. Eso es un valor añadido, pero también ayudar”, expresó.
A lo largo de los años, La Fondita ha sido clave en la defensa de los derechos de las personas sin hogar. En 2007 impulsó la creación de la Carta de Derechos de las Personas Sin Hogar, que garantiza acceso a salud, licencias y el derecho al voto. “Ahora la dirección física de nuestros participantes es la dirección de La Fondita de Jesús”, explicó Otero Cuevas.
El perfil de las personas atendidas también ha cambiado. Si al inicio predominaban quienes enfrentaban problemas de salud mental o uso de sustancias, hoy cualquier persona puede vulnerarse al sinhogarismo. Entre los participantes hay adultos mayores, universitarios y personas afectadas por pérdida de empleo o violencia de género. “Han llegado médicos, abogados, ingenieros, contratistas… personas que jamás pensaron que se quedarían sin vivienda. A cualquiera le puede pasar”, subrayó Otero Cuevas.
La historia de La Fondita de Jesús es, en esencia, la de un legado de solidaridad que continúa abriendo caminos para quienes más lo necesitan en Puerto Rico.




