Baltimore — Los obispos católicos de Estados Unidos eligieron al arzobispo de Oklahoma City, Paul Coakley, como nuevo presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), durante el segundo mandato del presidente Donald Trump. La decisión reafirma el giro conservador del cuerpo eclesiástico, que a la vez busca mantener su defensa de políticas migratorias más humanitarias.
Coakley, considerado un destacado líder del ala conservadora, se impuso tras tres rondas de votación al obispo Daniel Flores, de Brownsville, Texas, quien fue nombrado vicepresidente. La votación refleja la continuidad de un liderazgo firme en asuntos sociales tradicionalistas, entre ellos la oposición al aborto y a los derechos de la comunidad LGBTQ+.
El nuevo presidente asesora al Instituto Napa, una influyente red de católicos conservadores. En 2018, respaldó al arzobispo italiano Carlo Maria Viganò, crítico del papa Francisco, quien fue posteriormente excomulgado por posturas divisorias.
La elección ocurre en un contexto de tensiones entre la conferencia episcopal estadounidense y el Vaticano, sobre todo con el enfoque inclusivo del difunto papa Francisco. Su sucesor, el papa León XIV, mantiene una pastoral centrada en la atención a los pobres, al medio ambiente y a los marginados. “Este no es un paso para desescalar el conflicto entre muchos obispos de Estados Unidos y Francisco, que León hereda”, advirtió Steven Millies, profesor de teología pública en la Unión Teológica Católica de Chicago.
Coakley sucede al arzobispo Timothy Broglio, de Servicios Militares, y ejercerá un mandato de tres años. Su elección, junto con la de Flores como vicepresidente, sugiere posibles aperturas futuras hacia una mayor cooperación con el Vaticano, según analistas como David Gibson, de la Universidad de Fordham.
En la reunión, los obispos también abordaron el tema migratorio. Aunque tienen posturas divididas en muchos asuntos, mantienen una posición común a favor de los migrantes. El obispo Kevin Rhoades, de Fort Wayne-South Bend e integrante de la Comisión de Libertad Religiosa de Trump, destacó su preocupación por que los inmigrantes detenidos reciban atención pastoral. “Uno no pierde el derecho de culto al estar detenido, sea documentado o indocumentado”, afirmó.
Los prelados enviaron además una carta al papa León XIV reiterando su compromiso con los migrantes y el derecho al culto. “Apoyamos fronteras seguras y acciones legales contra actividades criminales peligrosas, pero no podemos permanecer en silencio mientras se socavan los derechos de culto y el debido proceso”, expresaron.
El papa León llamó recientemente a una “profunda reflexión” en Estados Unidos sobre el trato a los migrantes, recordando que muchos “han vivido durante años sin causar problemas y han sido profundamente afectados por lo que sucede ahora”.




