Trujillo Alto — Una “X” roja marca el nicho de una mujer que falleció en 1996 y que pronto será exhumada. Sus restos óseos serán trasladados a una fosa común para liberar espacio en el cementerio municipal, donde apenas quedan 18 nichos en el último mausoleo disponible.
La práctica, que se ha vuelto cada vez más frecuente en los cementerios municipales, responde a la falta de espacio para nuevas sepulturas. Las exhumaciones se realizan como medida de emergencia para poder enterrar a más personas, ante una ocupación prácticamente total.
Autoridades locales confirmaron que el problema se agravó en los últimos años y que los municipios enfrentan serias limitaciones para expandir o construir nuevos campos santos. El procedimiento de exhumar restos antiguos y depositarlos en fosas comunes se ha convertido en la única alternativa inmediata para manejar la creciente demanda de entierros.
El caso de Trujillo Alto refleja una realidad que se repite en otros municipios del país, donde la falta de recursos y terrenos para ampliar los cementerios municipales pone en evidencia una crisis silenciosa pero urgente.




