Los consumidores en Estados Unidos enfrentan un alza generalizada en los precios debido al incremento del petróleo provocado por la guerra con Irán, que ya entra en su tercer mes. La gasolina, el diésel y el combustible para aviones han subido notablemente, afectando desde los costos de transporte hasta los precios de productos básicos.
Irán mantiene cerrado el estrecho de Ormuz, reteniendo petroleros en el golfo Pérsico, mientras un bloqueo de la Marina estadounidense impide sus exportaciones. El temor a una interrupción prolongada del suministro elevó los precios de forma inmediata.
Según la Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA), el precio promedio nacional de la gasolina alcanzó los 4.30 dólares por galón, un incremento del 44% desde que Estados Unidos e Israel atacaron a Irán el 28 de febrero. El diésel ronda los 5.50 dólares por galón, encareciendo los costos de transporte. En respuesta, empresas como el Servicio Postal aplicaron recargos temporales de hasta 8%, y Amazon añadió un 3.5% adicional por combustible y logística.
El aumento también repercute en las aerolíneas. Con el barril de combustible para aviones a unos 179 dólares, empresas como Delta, United, American y Southwest encarecieron los boletos y las tarifas por equipaje. Lufthansa, por su parte, cancelará unas 20,000 rutas en los próximos seis meses.
Los productores de bienes de consumo anticipan más presión. Procter & Gamble, fabricante de Crest y Charmin, estimó pérdidas de 1,000 millones de dólares si el crudo Brent se mantiene en 100 dólares por barril. Su director financiero, Andre Schulten, anticipó que podrían trasladar parte del alza a los consumidores. Unilever, productora de Dove y Hellmann’s, prevé incrementos de entre 2% y 3% en sus precios.
La escalada también amenaza a los alimentos. Aunque los precios no han subido aún, la Independent Grocers Alliance advirtió que el combustible representa del 15% al 30% del costo total de los comestibles, mientras que el 30% de los fertilizantes del mundo pasa por el estrecho de Ormuz. Ken Foster, economista de la Universidad Purdue, explicó que los efectos podrían reflejarse en los próximos tres a seis meses.
El Programa Mundial de Alimentos de la ONU alertó que 45 millones de personas más, principalmente en Asia y África, podrían caer en hambre si el conflicto persiste, elevando la cifra mundial a 363 millones. “Los mayores costos de transporte elevan los precios de los alimentos, y las familias que gastan entre el 50% y el 70% de sus ingresos en comida son las primeras en quedarse sin ella”, sostuvo Corinne Fleischer, del organismo.




