A lo largo del río Magdalena, los pescadores navegan cautelosamente, temerosos de los hipopótamos que emergen sin aviso. “Estos hipopótamos son una auténtica pesadilla”, contó Wilinton Sánchez, pescador, al relatar cómo uno de ellos casi volcó su embarcación.
Traídos ilegalmente en la década de 1980 por el narcotraficante Pablo Escobar para su zoológico privado en la Hacienda Nápoles, los descendientes de aquellos animales se han multiplicado hasta alcanzar unos 200 ejemplares. Sin depredadores naturales y con un clima ideal, su población podría superar los 500 ejemplares en 2030, según el Ministerio de Medio Ambiente de Colombia.
El gobierno aprobó un plan que contempla la eutanasia de unos 80 hipopótamos para controlar su expansión, lo que ha desatado una fuerte polémica. Mientras científicos defienden la medida para evitar un desastre ambiental, los habitantes de Puerto Triunfo —donde viven muchos de estos animales— temen perder el motor turístico de su economía.
“Ya no son africanos; son colombianos, nacidos y criados aquí desde hace más de 30 años”, expresó Diana Hincapié, dueña de un restaurante que depende del flujo de visitantes atraídos por los hipopótamos. Asegura que protestará si el gobierno avanza con la eutanasia.
Otros residentes, como el pescador Álvaro Molina, consideran que los animales se han convertido en un peligro. “Tanto si los matan como si se los llevan, nos hacen un favor”, dijo, al recordar que varios pescadores han abandonado la zona por miedo.
El plan oficial propone varias alternativas: confinarlos, trasladarlos a santuarios en otros países o aplicar la eutanasia como último recurso. Sin embargo, hasta ahora ningún país ha aceptado recibirlos, debido a los altos costos y restricciones legales sobre especies invasoras.
El debate se ha intensificado. Expertos como Daniel Cadena, decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de los Andes, apoyan una estrategia mixta que incluya eutanasia. En contraste, la senadora Andrea Padilla condena el plan: “Es un exterminio, una masacre de 80 personas. ¿Cómo es posible que cerremos este capítulo disparando a los hipopótamos?”.
Mientras tanto, en los ríos del Magdalena, la tensión entre la conservación, la seguridad y la memoria de un oscuro legado sigue tan viva como nunca.




