Antes de que Hollywood se consolidara como la meca del cine, Puerto Rico ya había estrenado sus primeras producciones cinematográficas. A finales del siglo XIX, cuando en Estados Unidos los nickelodeons apenas empezaban a transformarse en salas de cine, las Fuerzas Armadas estadounidenses filmaron la invasión de la isla en 1898, registro que marcó el inicio de la cinematografía puertorriqueña.
Según el cineasta e historiador Joaquín García, autor de “Historia del Cine Puertorriqueño”, los soldados estadounidenses trajeron cámaras para documentar la operación militar. En 1899, el pionero Siegmund Lubin filmó “La captura de Puerto Rico”, considerada la primera película filmada en territorio puertorriqueño, aunque no sobrevivió ninguna copia.
Ya para 1912, el puertorriqueño Rafael Colorado realizó la primera película no documental, “Un drama en Puerto Rico”. Junto con Antonio Capella Martínez fundó en 1916 la Film Industrial Society de Puerto Rico, responsable de “Por la hembra y el gallo”, cinta de tema jíbaro. En esos años surgieron otras productoras como Tropical Film Company y Porto Rico Photoplays.
Durante las primeras décadas del siglo XX, las proyecciones recorrían los pueblos de la isla con proyectores Lumière y Pathé, hasta que aparecieron los primeros cines permanentes en San Juan, Mayagüez y Ponce alrededor de 1920.
En 1949, la creación de la División de Educación para la Comunidad (Divedco) impulsó una nueva etapa del cine nacional. Este organismo produjo 38 películas en catorce años, incluídas “Los peloteros” (1951), protagonizada por Ramón “Diplo” Rivero, y “Una voz en la montaña”, de Amílcar Tirado, premiada en festivales internacionales. Directores como Jack Delano y Willard Van Dyke formaron parte de este movimiento que usó el cine con fines educativos y comunitarios.
Entre 1946 y 1969, productores de Estados Unidos y Latinoamérica realizaron más de 60 proyectos en la isla. En los años 60 y 70, los cambios tecnológicos y económicos llevaron a una transición del cine comercial al documental y la publicidad, con un fuerte matiz político. En ese periodo, figuras como Jacobo Morales y Tommy Muñiz marcaron la historia con clásicos como “Dios los cría” (1979) y “Lo que le Pasó a Santiago” (1989).
A la par, la industria del doblaje se consolidó como un motor cultural y económico. Ángel Ramos, propietario de El Mundo, WKAQ Radio y Telemundo, impulsó los estudios Film and Dubbing Productions y Quality Dubbing. En ellos se tradujeron al español producciones de Hollywood como “Bonanza”, “Perry Mason” y “Rocky”, con las voces de artistas locales como Yoyo Boing, Johanna Rosaly y Emanuel “Sunshine” Logroño. Esta época dorada del doblaje se extendió entre 1960 y 1980, convirtiendo a Puerto Rico en referente del trabajo de voz en español.
Aunque los estudios fueron cerrando en la década de 1990 ante nuevas tecnologías, el legado de esta historia demuestra que el cine puertorriqueño no solo fue pionero, sino también esencial en la evolución del séptimo arte en el Caribe y América Latina.




