La secretaria del Trabajo, Lori Chavez-DeRemer, quedó fuera del gabinete del presidente Donald Trump, informó la Casa Blanca el lunes, tras una serie de presuntos abusos de poder que incluyen mantener una relación con un subordinado y consumir alcohol durante horas laborales.
Chavez-DeRemer es la tercera integrante del gabinete en dejar su cargo recientemente, luego de las destituciones de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, y de la fiscal general, Pam Bondi. Su salida fue comunicada por un asistente de la Casa Blanca, sin la habitual publicación del presidente en redes sociales.
“El presidente aprecia profundamente el trabajo de la secretaria del Trabajo. Dejará la administración para asumir un cargo en el sector privado”, indicó el portavoz de la Casa Blanca, Steven Cheung, quien elogió su desempeño y su compromiso con los trabajadores estadounidenses.
Keith Sonderling, actual subsecretario del Trabajo, asumirá como secretario interino. La renuncia se produce tras revelaciones de medios como The New York Times y el New York Post, que reportaron investigaciones del inspector general del Departamento del Trabajo sobre el comportamiento de Chavez-DeRemer y su entorno cercano. Según esas publicaciones, allegados de la funcionaria habrían enviado mensajes personales a empleadas jóvenes y solicitado favores inapropiados.
Los informes también señalan que la secretaria enfrentaba acusaciones por presunto consumo de alcohol durante el horario laboral y por utilizar recursos oficiales para fines personales. Aunque al inicio la Casa Blanca tildó las denuncias de infundadas, las crecientes revelaciones generaron presión dentro de la administración.
Al menos cuatro funcionarios del Departamento del Trabajo fueron removidos mientras avanzaba la pesquisa, entre ellos su exjefe y exsubjefa de gabinete, así como un miembro de su equipo de seguridad, con quien supuestamente mantenía la relación.
Confirmada en marzo de 2025 con 67 votos a favor y 32 en contra, Chavez-DeRemer fue legisladora republicana por Oregón y contó con respaldo sindical inusual dentro de su partido. Durante su gestión, impulsó una agenda de desregulación que incluyó la revisión o eliminación de más de 60 regulaciones laborales consideradas obsoletas, lo que provocó críticas de líderes sindicales y expertos en seguridad.
El Departamento del Trabajo tiene un mandato clave sobre la fuerza laboral en Estados Unidos, abarcando desde la vigilancia de normas de seguridad y salud ocupacional hasta la aplicación de leyes sobre salario mínimo, trabajo infantil y sindicalización.




