La jueza del Tribunal Supremo de Estados Unidos, Ketanji Brown Jackson, lanzó duras críticas contra sus colegas conservadores por el uso de órdenes de emergencia que, a su juicio, han beneficiado a la Administración Trump. Calificó esas decisiones como “reflexiones garabateadas en un papel” que pueden parecer “ajenas a la realidad y, por lo tanto, sonar huecas”.
Jackson, la magistrada más reciente del tribunal, analizó alrededor de dos docenas de órdenes emitidas el año pasado que permitieron al presidente Donald Trump poner en marcha políticas controvertidas en materia de inmigración, recortes de fondos federales y otros temas, pese a que tribunales inferiores habían determinado que eran probablemente ilegales. Aunque estas medidas eran temporales, le dieron a Trump margen para avanzar parte de su agenda.
Durante una charla en la Facultad de Derecho de Yale, Jackson advirtió que estas órdenes, emitidas a menudo sin explicación detallada, se han convertido en un instrumento político. “El presidente de los Estados Unidos, aunque pueda verse perjudicado de manera abstracta, ciertamente no se ve perjudicado si lo que quiere hacer es ilegal”, declaró en una sesión de preguntas junto a la decana Cristina Rodríguez.
La jueza explicó que, en el pasado, el Tribunal Supremo evitaba intervenir en etapas tempranas de los procesos judiciales para no involucrarse continuamente en disputas políticas divisivas. Sin embargo, afirmó que en los últimos años la corte ha adoptado un enfoque “decididamente diferente” y “menos comedido” frente a las solicitudes de emergencia en temas controvertidos.
Jackson, quien suele coincidir en sus disensos con las juezas Sonia Sotomayor y Elena Kagan, dijo que decidió hablar públicamente para servir “como un catalizador del cambio”. La semana anterior, Sotomayor también había criticado el uso de estas órdenes en un evento en la Universidad de Alabama. Posteriormente, la magistrada ofreció una disculpa pública al juez Brett Kavanaugh por “comentarios hirientes” emitidos en la Universidad de Kansas, después de haber cuestionado su percepción sobre los trabajadores de bajos salarios.
La intervención de Jackson en Yale subraya un creciente malestar dentro del Tribunal Supremo sobre la manera en que se manejan las decisiones de emergencia, un mecanismo que, según la jueza, debería ser excepcional y no una herramienta política ordinaria.




